Lituania seguía este martes tratando de establecer si el dron militar que entró en su espacio aéreo se estrelló o salió del país, mientras también intentaba determinar su origen. El jefe del centro nacional de gestión de crisis confirmó que se trataba de un aparato militar, pero dijo que las autoridades todavía no tenían respuestas sobre el recorrido exacto ni sobre quién lo lanzó.
El episodio llega en un momento en que la presión verbal de Rusia sobre Letonia y otros países bálticos va en aumento. Moscú sostiene que Letonia y potencialmente otros Estados bálticos están a punto de dar permiso a Ucrania para atacar territorio ruso con drones desde sus propias fronteras, una acusación que Letonia y Ucrania han rechazado una y otra vez como mentiras.
La discusión adquirió más peso por la respuesta del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, que calificó de “totalmente ridícula” la versión rusa. Rutte dijo que la afirmación rusa “es totalmente ridícula, y Rusia lo sabe”, en un intento por desactivar una narrativa que la Alianza considera peligrosa en plena escalada de amenazas y denuncias cruzadas alrededor del flanco oriental de la OTAN.
El caso del dron en Lituania se lee así dentro de un cuadro más amplio que ya preocupa a la Alianza: incidentes con drones, mensajes hostiles contra los Bálticos y referencias cada vez más directas a Ucrania. La secuencia de hoy, sin embargo, no ofrece aún una imagen cerrada del aparato que cruzó el espacio aéreo lituano, y esa incertidumbre es precisamente lo que mantiene el episodio abierto.
Rutte también aprovechó la jornada para defender propuestas de gasto europeo en apoyo a Ucrania, incluidas aportaciones equivalentes al 0,25% del PIB de los países europeos de la OTAN. El planteamiento busca repartir el esfuerzo entre más de 500 millones de personas en la Alianza, frente a alrededor de 350 millones en la UE y entre 120 y 140 millones en Rusia, una comparación que el propio jefe de la OTAN describió como “saludable” al hablar de la necesidad de sostener a Kiev con recursos duraderos.
Por ahora, Lituania sigue sin poder decir si el dron cayó dentro de su territorio o si abandonó el país tras cruzarlo. Hasta que esa respuesta aparezca, el hecho más claro no es solo que se trató de un dron militar, sino que el episodio se suma a una frontera ya cargada de sospechas, propaganda y riesgo real para los países bálticos.

