Edin Terzic nació en octubre de 1982 en una familia marcada por el exilio y por dos orillas de la antigua Yugoslavia. Sus padres habían salido del país antes de que él llegara al mundo: su padre, Ibrasim, era bosnio y venía de Donji Vakuf, y su madre, Ruzica, es croata y procede de Osijek. Terzic creció como el menor de dos hermanos, por detrás de Alen, nacido en 1980, que lleva una década trabajando como ojeador para Borussia Dortmund.
Ese apellido se oye ahora en Menden, una ciudad de 52.225 habitantes, 86 kilómetros cuadrados y unos 30 kilómetros al este de Dortmund. Con 134 kilómetros hasta Monchengladbach, la localidad de North Rhine-Westphalia, situada en el norte de Sauerland y a 150 metros sobre el nivel del mar, se ha convertido en una especie de ciudad dormitorio para Dortmund. En las calles, los vecinos lo resumieron con una frase simple: “Todos queremos a Terzic”. Otro residente fue más lejos: “Quien más quien menos ha tratado con él o con su familia. Ha situado a Menden en el mapa”.
La historia de Menden ayuda a entender por qué el nombre de Terzic pesa allí más de lo que su tamaño podría sugerir. En el siglo XIX fue una referencia para la industria textil, sobre todo la seda y las agujas, antes de que ese tejido económico quedara desplazado por el desarrollo del acero y, más tarde, por las instalaciones automotrices y eléctricas. Hoy la ciudad conserva clubes de atletismo, balonmano, fútbol, tenis, natación y hockey, además de instalaciones para tiro, y mantiene una vida local hecha de comunidades entrelazadas.
Ese perfil multicultural no es un detalle menor. Menden reúne residentes y negocios vinculados con comunidades balcánicas, turcas, griegas e italianas, y por eso la figura de Terzic encaja allí con naturalidad. Su historia familiar, su vínculo con Dortmund y la presencia de Alen en el entorno del club han dado a la ciudad una visibilidad que antes no tenía. Su padre murió en 2022, pero la huella familiar sigue siendo parte de la forma en que Menden se mira a sí misma.
La relevancia de Terzic en este momento va más allá de una biografía local. Más de dos décadas han pasado desde que el Athletic Club tuvo por última vez a un entrenador cuya lengua materna no era el español, un dato que subraya cómo el peso de los orígenes y las identidades sigue importando en el fútbol europeo. En Menden, mientras tanto, el nombre de Terzic ya dejó de ser solo el de una familia conocida: es también la señal de que una ciudad de tamaño medio puede entrar en el mapa por la vía más improbable, la de uno de los suyos.

