Claudia Sheinbaum dijo el lunes que recibió una respuesta positiva de Felipe VI y que el rey de España viajará a México el 26 de junio para asistir al partido del Mundial entre España y Uruguay en Guadalajara. La presidenta dejó en el aire si habrá un encuentro entre ambos durante esa visita.
Sheinbaum presentó el gesto como señal de un momento distinto en la relación entre México y España, una etapa que, dijo, avanza con base en el reconocimiento de la historia y de la cultura del país. También insistió en que los conquistadores no llegaron para “civilizar a incivilizados”, una frase con la que volvió a defender que la discusión sobre el pasado debe partir de la dignidad y del valor de los pueblos originarios.
La mandataria vinculó ese cambio de tono con una secuencia de movimientos diplomáticos que, a su juicio, han ido bajando la tensión. Recordó que en abril viajó a Barcelona para participar en una reunión de líderes en apoyo a la democracia y señaló que el canciller español, José Manuel Albares, estuvo en México antes del viaje previsto del monarca. “Vamos avanzando en lo que a nosotros nos importa”, dijo al describir el momento actual.
El giro llega después de años de distancia entre ambos gobiernos. En 2019, Andrés Manuel López Obrador envió una carta a Felipe VI en la que pedía una disculpa por los abusos cometidos durante la Conquista, una solicitud que no obtuvo respuesta individual del rey y que abrió una etapa de enfriamiento. Sheinbaum sostuvo ahora que la relación nunca se rompió, pero sí pasó por un periodo de visiones distintas.
La presidenta también explicó por qué no invitó al monarca a su toma de posesión. Dijo que lo consideró “es un agravio” para López Obrador y para el pueblo de México. En su relato, el cambio de ambiente no llegó por una sola decisión, sino por una acumulación de reconocimientos sobre lo ocurrido en ese periodo histórico. Afirmó que Albares ya había admitido que hubo abusos y que había que analizar esa etapa, y añadió que el propio rey “también dijo que había habido abusos”.
Sheinbaum subrayó que, desde su punto de vista, la discusión ya no gira solo en torno a una vieja disputa diplomática, sino a una reivindicación de la historia mexicana. Habló de “un asunto de dignidad, de reconocimiento de la grandeza cultural de México, de reconocer que los valores de las y los mexicanos vienen de ahí, de reconocer a las grandes civilizaciones y a los pueblos indígenas”. Añadió que la gran mayoría del pueblo español también reconoce que hubo abusos y que no se trató de una llegada para “civilizar a los incivilizados”.
El viaje de Felipe VI a Guadalajara se convierte así en una prueba visible del nuevo clima entre ambos países. No aclara si habrá foto, saludo o reunión privada, pero sí confirma que la diplomacia entre México y España ha pasado de la fricción a un terreno más abierto, en el que cada gesto cuenta tanto como las palabras.
El trasfondo histórico sigue ahí, y el calendario también. Con el rey en ruta para el 26 de junio, la atención se moverá de nuevo a Guadalajara, donde un partido del Mundial servirá como escenario para medir hasta dónde llega este acercamiento entre México y la corona española.
En medio de ese reacomodo, Sheinbaum dejó la frase que resume su lectura del momento: no hubo ruptura, dijo, sino “lo que hubo fue un momento de visión distinta”.

