La Seguridad Social ha confirmado que los trabajadores que decidan demorar voluntariamente su jubilación más allá de la edad legal pueden acceder a incentivos que cambian según su cotización y el tiempo extra que sigan en activo. El sistema permite elegir entre una subida porcentual de la pensión mensual, un pago único a tanto alzado o una combinación de ambas opciones.
La clave está en que no todos los perfiles reciben el mismo premio por esperar. Una de las alternativas consiste en un pago único por cada año cotizado de más, con cantidades que pueden ir de 4.800 a 13.500 euros por año, en función de los años cotizados al llegar a la edad legal. La otra opción es un incremento vitalicio del 4% en la base reguladora por cada año completo trabajado después de la edad ordinaria.
Desde 2025, además, los periodos de más de medio año sin llegar al año completo también cuentan, con un extra del 2%. Para quienes decidan seguir trabajando entre 2 y 10 años más, existe una fórmula mixta que combina una mejora de la pensión mensual con un pago único reducido, equivalente a la mitad de lo que correspondería si se eligiera solo el bonus a tanto alzado.
La Seguridad Social ejemplifica el impacto con un caso concreto: una persona con 35 años cotizados y una pensión prevista de 1.500 euros que retrase su jubilación dos años podría elegir entre un aumento de 120 euros al mes, un pago único de 15.414 euros o una opción híbrida con 7.707 euros de pago único y una subida mensual de 60 euros. Si la demora supera los 11 años, el pago en efectivo se calcula como si solo se hubieran retrasado cinco años; el resto del tiempo solo mejora la pensión mensual mediante el incremento porcentual.
Alfonso Muñoz Cuenca explicó que, si un trabajador ya alcanza la pensión máxima, “este porcentaje adicional no se pierde, sino que se cobra en un complemento adicional”. También señaló que un pensionista con la prestación máxima podría sumar un 4% extra por cada año de demora. El experto advirtió, sin embargo, de que en las pensiones bajas el complemento de demora puede no tener efecto práctico porque queda absorbido por el complemento a mínimos.
Ese matiz importa porque la jubilación no es solo la salida del mercado laboral, sino el momento en que se activa todo el mecanismo de cálculo de la pensión. La flexibilidad del sistema premia a quienes siguen trabajando después de la edad legal, pero no de la misma manera en todos los casos. Muñoz Cuenca también recordó que “retrasar un año la jubilación no ha supuesto una mejora en el resultado final de nuestra pensión” en algunos supuestos, precisamente por cómo interactúan el complemento a mínimos y otros suplementos como el de maternidad o el de reducción de la brecha de género.
Ese último complemento se reconoce al margen del tope máximo de pensión, de modo que la cuantía final que recibe el beneficiario puede superar el límite legal fijado cada año. En la práctica, la respuesta a si conviene esperar para jubilarse no es igual para todos: depende de cuánto se ha cotizado, de si se alcanza ya la pensión máxima y de qué suplementos entren en juego cuando llega el momento de dejar de trabajar.

