Antonio García Ferreras dejó fuera del debate, el miércoles por la mañana, la rueda de prensa de Florentino Pérez, pese al enorme impacto mediático que tuvo. En Al rojo vivo, el asunto apenas apareció en los dos últimos minutos del programa. Al día siguiente hizo lo mismo con la entrevista a Josep Pedrerol: sin centralidad en pantalla, sin opiniones de los colaboradores y sin análisis que ordenara el ruido.
La decisión no fue menor. Ferreras retiró del programa uno de los temas que más conversación estaba generando y, en su lugar, trasladó su posición al fin de semana. “Yo me voy a mojar y voy a opinar. Pero lo haré el sábado en laSexta Explica”, dijo el presentador, dejando claro que su lectura quedaba reservada para ese espacio y no para la emisión diaria. En esa secuencia, el comunicador también se refirió al episodio como una “polémica”.
El contexto ayuda a explicar el alcance de esa maniobra. La controversia giraba en torno a la rueda de prensa de Florentino Pérez y a la entrevista de Josep Pedrerol, dos piezas que alimentaron el debate mediático en torno al Real Madrid y a su entorno informativo. Pero la cobertura de Ferreras optó por el silencio o por la mínima exposición, una ausencia que la periodista Mònica Planas describió con una frase tajante: “El silencio en ‘Al rojo vivo’ resultaba atronador”.
Más allá del tratamiento editorial, lo que quedó al descubierto fue la distancia entre la relevancia pública del asunto y la decisión de apartarlo del centro del programa. Ferreras no solo enfrió la discusión; también evitó que sus colaboradores entraran a valorar lo ocurrido. Esa contención alimentó la lectura de que el presentador quiso proteger intereses o esquivar un choque incómodo en un momento en que la presión informativa era evidente.
El movimiento, además, dejó una conclusión difícil de eludir: Ferreras prefirió aplazar su postura hasta el sábado antes que asumirla en directo cuando el tema dominaba la conversación. Si su intención era bajar la temperatura, lo consiguió solo a medias. La polémica siguió ahí, y el silencio de Al rojo vivo terminó diciendo tanto como cualquier tertulia.

