Santiago Giménez contó que su máximo ídolo de la infancia no fue una figura ligada a Cruz Azul, sino Adolfo “Bofo” Bautista. El delantero del AC Milan y referente del conjunto cementero recordó que seguía el futbol local de niño y que quedó fascinado con la manera de jugar del exmediocampista mexicano.
“El Bofo Bautista era mi ídolo”, dijo Giménez en una entrevista reciente en un medio digital. La confesión llamó la atención porque el atacante es identificado con Cruz Azul, mientras que Bautista es una de las caras históricas de Chivas. En la versión del propio Giménez, la admiración nació viendo su estilo dentro de la cancha, más que por cualquier afinidad de camiseta.
El peso de esa preferencia se entiende mejor por la forma en que se convirtió en una pequeña obsesión de infancia. Giménez pidió a su padre, Christian “Chaco” Giménez, que le consiguiera la camiseta oficial de su ídolo, y él aceptó. Gracias a esas gestiones familiares, el delantero terminó reuniendo varias camisetas firmadas por Bautista después de partidos de liga, un detalle que hoy ayuda a dimensionar hasta dónde llegaba aquella admiración.
Bautista, nacido en Dolores Hidalgo, Guanajuato, fue un futbolista de ataque que se desempeñó principalmente como mediapunta o segundo delantero. A lo largo de su carrera disputó más de 400 partidos oficiales y marcó más de 100 goles. Su etapa más recordada fue con Guadalajara, donde convirtió 59 tantos y se volvió pieza clave del título de liga en el Apertura 2006.
Antes de consolidarse, Bautista debutó profesionalmente y pasó por Tecos, Morelia, Pachuca y Jaguares de Chiapas. También jugó la Copa Libertadores y recibió convocatorias a la selección mayor. Su mezcla de técnica individual, visión de juego y una personalidad tan talentosa como divisiva lo mantuvo siempre en el centro del debate.
La revelación de Giménez llega hoy con una carga especial porque lo muestra mirando hacia un símbolo de Chivas para explicar una parte de su formación futbolística. En un entorno donde las lealtades de infancia suelen convertirse en identidad pública, su confesión rompe la línea esperada y deja una imagen más compleja del atacante: un jugador marcado por Cruz Azul en su carrera, pero formado también por el impacto de un rival histórico.
Lo que queda ahora es una fotografía clara de dos generaciones unidas por la misma liga. Giménez, ya instalado como delantero del AC Milan, reconoció que su referente más temprano no vestía los colores de su club de origen. Y Bautista, desde su lugar en la memoria del futbol mexicano, sigue apareciendo como ese jugador capaz de fascinar incluso a quienes crecieron del otro lado de la rivalidad.
