La Cámara de Diputados aprobó el miércoles 27, en dos rondas, la PEC que pone fin a la escala 6x1 y reduce la jornada semanal de 44 a 40 horas. El texto va ahora al Senado, donde se abre la siguiente batalla por una reforma laboral que cambia una regla vigente desde 1988.
La decisión llega en un momento en que más de 37 millones de trabajadores podrían verse alcanzados por el cambio. Hugo Motta dijo que la primera reducción de dos horas empezará 60 días después de la promulgación y que espera que el Senado dé agilidad a la tramitación para que la nueva relación laboral pueda empezar a aplicarse en el segundo semestre.
Para Motta, el debate se sostuvo sobre tres pilares que no aceptó negociar: una jornada semanal de 40 horas, el fin de la escala 6x1 y cero recorte salarial. También insistió en que esta aprobación marca la primera modificación de la jornada desde la Asamblea Constituyente de 1988, lo que convierte el paso dado por los diputados en algo más que una victoria parlamentaria: es un intento de rehacer el marco legal del trabajo en Brasil.
El presidente de la Cámara también trató de desarmar la objeción más repetida contra este tipo de reformas. Sostuvo que reducir la carga horaria no debe verse como una amenaza para la productividad y dijo que, si Brasil tiene una de las jornadas más largas del mundo y aun así produce poco, no se puede culpar al trabajador por ese resultado. La frase coloca el foco donde el gobierno y el Congreso quieren llevarlo: no en cuánto se trabaja, sino en cómo se organiza el trabajo.
Si el Senado aprueba la PEC, la promulgación quedará en manos del presidente del Congreso Nacional, el senador Davi Alcolumbre, y el reloj comenzará a correr para una implementación que Motta imagina ya en el segundo semestre. Pero esa parte del camino sigue abierta: aún no hay fecha para la votación en la cámara alta ni certeza de que la propuesta sobreviva allí con la misma facilidad con la que avanzó entre los diputados.
El Congreso también prepara proyectos complementarios para acompañar la transición y reducir posibles efectos económicos en sectores específicos. En paralelo, Motta dejó señalada otra prioridad: medidas para micro y pequeñas empresas y para los microemprendedores individuales, una señal de que la pelea por el tiempo de trabajo no termina con la votación de este miércoles, sino con lo que el Senado decida hacer ahora con la PEC.

