Un Gulfstream G200 privado se estrelló al aterrizar en el Aeropuerto Internacional de La Roma, en la República Dominicana, y murieron el piloto y el copiloto que iban a bordo. El avión declaró una emergencia el domingo y volvió hacia la pista antes de terminar envuelto en una enorme bola de fuego.
Ese es el motivo por el que N318JF concentra ahora la atención: la pregunta inmediata no es solo cómo acabó un aterrizaje en llamas, sino qué ocurrió en los minutos previos para obligar al aparato a dar media vuelta. El Instituto Dominicano de Aviación Civil dijo que el avión estaba a unas 16 millas náuticas al suroeste de La Roma cuando reportó la emergencia y que luego “regresó a toda prisa” al aeropuerto.
Las imágenes difundidas del accidente muestran al jet privado deslizándose y rebotando sobre una franja de césped que separa las pistas, antes de golpearse contra el suelo y, al parecer, romper su tanque de combustible. A partir de ahí, el fuego se extendió con rapidez. El aeropuerto de La Roma está a unos 130 kilómetros al este de Santo Domingo, y el golpe visual del siniestro hizo que el caso quedara bajo la lupa de las autoridades aeronáuticas dominicanas desde ese mismo domingo.
La investigación, sin embargo, arranca con una ausencia llamativa: mientras el material difundido y los reportes se concentraban en los dos tripulantes, las autoridades dijeron que no habían recibido noticias de otros pasajeros. Con un piloto y un copiloto confirmados a bordo, la versión oficial por ahora describe el momento final del aterrizaje, pero no aclara qué provocó la emergencia ni por qué el avión acabó descendiendo de esa forma.
El Instituto Dominicano de Aviación Civil mantiene abierta la investigación y promete más actualizaciones cuando haya novedades. Hasta entonces, el caso de N318JF queda reducido a una secuencia corta y brutal: una emergencia en el aire, un regreso apresurado a La Roma y un aterrizaje que terminó en llamas.
