Ibai Gómez está a un paso de convertirse en el nuevo entrenador del Real Zaragoza. Si no surge ningún contratiempo inesperado, el técnico vasco asumirá un banquillo que llega al límite después de otra derrota frente al Sporting y de una situación deportiva que ya se describe como la peor de su historia.
La llegada de Ibai Gómez encaja con la idea que el club ha ido preparando desde marzo, cuando Lalo Arantegui regresó a la dirección deportiva y empezó a trabajar en una lista de fichajes válida tanto para Segunda División como para Primera RFEF. El plan se movía sobre un escenario incierto, con el equipo pendiente de su futuro deportivo, y el nombre del entrenador se ha impuesto como la pieza principal de ese dibujo.
Gómez, de 36 años, llega a una posible etapa grande en su carrera con la etiqueta de técnico joven de la nueva generación y con experiencia todavía reducida, pero ya con varios pasos que explican por qué su perfil ha seducido a los gestores del club. Como jugador pasó por Athletic y Alavés, y después inició su trayectoria en los banquillos en el fútbol base vasco, con el juvenil de Santutxu. Más tarde dirigió a la selección olímpica de la República Dominicana y a Arenas de Getxo en Segunda RFEF, donde logró el ascenso a Primera RFEF.
Su nombre salió reforzado el pasado verano, cuando Andorra lo presentó como entrenador en Segunda División. Allí arrancó con fuerza, pero una racha de ocho partidos sin ganar terminó costándole el cargo. Aun así, la manera en que entiende el juego siguió pesando para Gerard Piqué, que lo eligió precisamente por esa lectura del fútbol y por una propuesta reconocible: equipos con iniciativa, identidad propia y protagonismo con el balón.
Ese libreto no es menor para el Zaragoza que ahora lo espera. Gómez apuesta por una presión alta, por acelerar tras la recuperación y por un esfuerzo físico constante, rasgos que buscan ordenar a un equipo golpeado y devolverle una idea nítida en medio del derrumbe. El encaje también responde a la urgencia del momento: el club necesita una dirección clara y un proyecto que pueda sostener el objetivo de regresar a Segunda División en un año.
La contradicción, sin embargo, sigue ahí. Zaragoza prepara un salto hacia delante con un entrenador que todavía carga con poca experiencia en la élite y con una trayectoria que, aunque prometedora, también incluye una destitución reciente. El club apuesta por una mano nueva para un problema viejo, y lo hace cuando ya no queda margen para otra caída.

