Juan Manuel Moreno dijo este lunes a las puertas de Génova que el resultado de las elecciones andaluzas le deja margen para gobernar en solitario, aunque admitió que sigue habiendo un punto de encaje difícil con Vox. El presidente andaluz explicó que se quedó a dos escaños de la mayoría absoluta y remató con una frase que rebajó el triunfalismo: «Hay un poquito de lío más chico».
Moreno insistió en que el mandato que sale de las urnas es lo bastante claro como para que lo razonable sea que el Partido Popular gobierne solo. «El resultado nos da margen de maniobra para poder gobernar en solitario», dijo, antes de marcar una línea política que deja espacio para la negociación pero no para una cesión total: «Nosotros vamos a defender la prioridad andaluza». Lo que no aclaró fue hasta dónde estaría dispuesto a aceptar la exigencia de Vox de una «prioridad nacional».
El mensaje llegó el mismo día en que la Junta Directiva Nacional del PP se reunió en Génova y Alberto Núñez Feijóo trató de convertir Andalucía en el arranque visible de una campaña de ámbito estatal. El dirigente popular dijo que «la campaña para lograr el cambio en España empieza hoy» y prometió que, si llega al Gobierno, impulsará «un cambio de dirección, con valores y con programa». También lanzó una de sus frases más duras contra Pedro Sánchez: «Aquí no hay un puto amo».
La secuencia no es casual. El PP lleva más de un año en fase de expansión territorial y ha ganado en varias comunidades donde ya gobernaba, entre ellas Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía. En todos esos territorios puede seguir gobernando, pero ahora con una dependencia mayor de Vox para sacar adelante cada paso. Feijóo aprovechó precisamente el resultado andaluz para elevarlo a señal política de alcance nacional y para abrir, desde la estructura del partido, una carrera que quiere llevar al conjunto de España.
El plan orgánico del PP acompaña ese movimiento. La formación prevé celebrar el congreso de Cataluña el 27 de junio y el de Nuevas Generaciones el 11 de julio, dos citas pensadas para mantener movilizada a la estructura interna mientras se consolida el nuevo relato del partido. En Génova, el resultado de Moreno se leyó como una prueba de que el PP puede crecer sin romper con su base, pero también como un recordatorio de que la suma todavía no alcanza por sí sola para gobernar sin apoyos externos.
Ahí aparece la tensión de fondo que Moreno dejó abierta. Su victoria no cierra la ecuación andaluza, la complica. Dos escaños separan al PP de la mayoría absoluta y los 53 escaños obtenidos no eliminan la necesidad de negociar. El margen existe, pero no concede libertad plena. Moreno quiere defender la prioridad andaluza; Vox quiere colocar la prioridad nacional; y Feijóo intenta presentar esa fricción como el coste inevitable de un ciclo que, a su juicio, ya se ha puesto en marcha para disputar La Moncloa.
La lectura política que sale de Génova es clara: el PP usará Andalucía como su mejor argumento de campaña y también como su principal prueba de gobierno. Si Moreno logra sostenerse sin depender del todo de Vox, Feijóo tendrá un caso para decir que el cambio puede empezar en el sur y extenderse después al resto del país. Si no lo consigue, la misma victoria servirá para mostrar los límites de esa estrategia. Por ahora, Moreno ha fijado el marco: quiere gobernar solo, pero sabe que el resultado todavía le obliga a negociar.

