Sergio Álvarez Moya ganó el Gran Premio del CSI3* Spring MET IV este domingo 19 de abril en el Centro Ecuestre Oliva Nova, en Valencia, montando a No Nonsense TN, un semental de 8 años. El jinete español se impuso a 13 combinaciones en un desempate en el que dejó detrás a Donald Whitaker.
La victoria llegó en un momento en que su nombre también vuelve a cruzarse con su estructura empresarial, Álvarez Moya Horses SL, la sociedad con la que gestiona su carrera deportiva y que además sirve como vehículo fiscal para su trabajo como criador y entrenador de caballos pura raza. La misma compañía se utiliza para administrar el centro ecuestre de alto rendimiento que abrió en Madrid en 2018, tras adquirir una parcela de 26.000 metros cuadrados en La Moraleja, en Alcobendas. La Finca Hípica La Moraleja se presenta con instalaciones de lujo y tecnología de última generación; incluso los caballos cuentan con calefacción y aire acondicionado.
Ese negocio, sin embargo, ha perdido tracción en los últimos ejercicios. Álvarez Moya Horses SL cerró 2022 con ventas de 6,7 millones de euros, pero en 2023 ya había recortado su facturación en 1,5 millones y en 2024 bajó hasta 4.935.762 euros, con pérdidas de 301.709 euros al cierre del año. La radiografía económica contrasta con el pico deportivo de este domingo y con la expansión que el jinete impulsó hace siete años, cuando decidió levantar su propio centro de alto rendimiento en la zona norte de Madrid.
La sociedad también arrastra un frente fiscal que llegó a los tribunales y en el que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid falló dos veces a favor de Álvarez Moya Horses por sanciones vinculadas a infracciones de IVA en dos trimestres de 2013. En esas resoluciones, el tribunal concluyó que la delegación madrileña de la Agencia Tributaria carecía de competencia para denunciarle porque aún no había transcurrido un mes desde la presentación del modelo 036, con el que notificó formalmente el cambio de domicilio fiscal de Gijón a Madrid. La combinación de triunfo deportivo y tensión financiera deja a Álvarez Moya en un punto incómodo: gana en la pista mientras su estructura empresarial intenta sostener el peso de un negocio que ya no factura como en 2022.
