Claudia Sheinbaum movió la cúpula de Pemex el jueves por la noche y anunció que Juan Carlos Carpio debe quedar al frente de la petrolera estatal, en reemplazo de Víctor Rodríguez Padilla, cuya salida —según dijo— ya estaba planeada. La decisión llegó en un video publicado en X y puso fin a 21 meses de Rodríguez al frente de la empresa.
Sheinbaum dijo que el consejo de administración de Pemex aún debe aprobar la nominación de Carpio como nuevo director general. También descartó que Rodríguez esté siendo sustituido por un mal desempeño, una aclaración que buscó contener la lectura política de un relevo que llega en un momento delicado para la empresa más endeudada del sector petrolero mundial.
El peso de la noticia no está solo en el cambio de nombre. Pemex cerró marzo con una producción de 1.65 millones de barriles por día, tras una caída cercana al 6% durante la gestión de Rodríguez, y arrastraba una deuda de US$79.000 millones al 31 de marzo. Dos semanas antes del anuncio, la compañía había reportado su tercera pérdida trimestral consecutiva, mientras esta semana S&P Global Ratings rebajó la perspectiva crediticia de México de estable a negativa.
Ese telón de fondo explica por qué Sheinbaum eligió a Carpio. Dijo que es la persona que mejor conoce los esfuerzos de reducción de deuda y el proceso de consolidación interna de Pemex, que ha venido integrando decenas de subsidiarias en una estructura más compacta. La presidenta también señaló que los siguientes desafíos incluyen continuar la transformación, consolidar las refinerías y atender los frentes petroquímico, de fertilizantes y de logística.
La transición llega además en medio de una apuesta más amplia del gobierno para sostener a la petrolera. Sheinbaum ha destinado más de US$40.000 millones a Pemex durante la gestión de Rodríguez y ha empujado la inversión privada para revitalizar los campos maduros de petróleo y gas de México. Al mismo tiempo, quiere que la empresa sea autosuficiente en 2027, una meta que sigue lejos mientras la deuda pesa sobre cada decisión operativa y financiera.
El relevo en Pemex, por ahora, no cambia ese problema de fondo. Cambia al operador que deberá enfrentarlo.

