Nápoles entra primero por el ruido. Es caótica, intensa y auténtica, una ciudad donde Maradona sigue siendo tratado como un dios y donde los turistas aprenden rápido que aquí las iglesias, las plazas y el tráfico compiten por la atención. Quien llegue por Loiu en los vuelos directos de martes y sábado puede estar en la ciudad hacia las diez de la mañana, listo para empezar una escapada de cinco días por Campania que no da respiro.
La mejor forma de empezar es a pie, con la capilla de San Severo reservada en la web y la visita puesta en torno al Cristo Velado de Giuseppe Sanmartino, una de esas obras que justifican por sí sola el desvío. Después, Spaccanapoli y el barrio español muestran la otra cara de la ciudad: estrecha, viva, desordenada. Por la noche, sin embargo, conviene evitar Nápoles y dejar que la jornada se cierre temprano. Si aún queda tiempo, el castillo de San Telmo ofrece la panorámica más limpia al atardecer. Desde allí, la ciudad parece menos caótica y más legible.
La segunda jornada cambia de escala. Pompeya abre a las nueve de la mañana y también conviene reservar la entrada en la web antes de ir. En sus calles congeladas por la erupción del Vesubio, con 20.000 habitantes atrapados en el tiempo, el recorrido no necesita adornos: el foro, el anfiteatro, el lupanar y algunas casas bastan para entender lo que fue aquella ciudad romana. Después, el plan sigue en el monte. El Vesubio se puede subir en autobús o en coche; si se va en vehículo, la reserva del aparcamiento cuesta 6 euros, el autobús lanzadera 3 euros y, desde el final del trayecto, queda una caminata de 30 minutos hasta el cráter.
La carretera vuelve a marcar el ritmo en la Costa Amalfitana, que en este itinerario se recorre mejor entrando desde Sorrento y bajando hasta Vietri sul Mare. La secuencia propone paradas en Positano, Amalfi, Atrani y Ravello, con una recomendación clara: entrar en Villa Cimbrone en Ravello para mirar el litoral desde arriba y entender por qué este tramo atrae a tantos viajeros pese al tráfico, las curvas y las multitudes. En Cetara, Al Convento-Casa Torrente, en Piazza San Francesco, 16, recuerda que la costa también se come. Y para dormir en Nápoles, el B&B Hotel Napoli queda en piazza Garibaldi, 32; Ostaria Pignatelli, en Riviera di Chiaia, 216; Mimì alla Ferrovia, en Via Alfonso D'Aragona; y Locanda del Cerriglio, en via del Cerriglio, 3.
El cierre llega con Capri. Desde el Beverello de Nápoles sale un ferry que tarda menos de una hora en alcanzar Marina Grande, y desde allí un funicular sube a la piazzetta, donde la isla cambia de escala en minutos. Es la última parada de un viaje que empieza con una ciudad áspera y termina con un paisaje pulido, pero la lógica no engaña: Campania se entiende mejor cuando se ve entera, con Nápoles como base, Pompeya y el Vesubio como golpe de historia, la costa como tramo de carretera y Capri como la salida más luminosa.
Para quien además siga la jornada ciclista, la etapa del Giro Hoy en Nápoles prevé un sprint en Piazza Plebiscito tras 142 km, una imagen más de una ciudad que siempre encuentra la forma de ponerlo todo en movimiento.
