Álvaro Aguado habló por primera vez en público después de que la Fiscalía pidiera 9 años de prisión para él por la presunta agresión sexual a una empleada del RCD Espanyol en el baño de una discoteca de Barcelona en junio de 2024. Lo hizo en un vídeo difundido en sus redes sociales, en el que aseguró que había llegado el momento de hablar.
“Después de todo lo vivido y tras una semana de reflexión por las últimas noticias que salieron, siento que ha llegado el momento de hablar”, dijo Aguado. También añadió: “No puedo esperar más, porque callar también tiene consecuencias”. Su intervención llegó en 2025, un año después de los hechos que motivaron la causa y en plena ofensiva de la acusación pública contra él.
La petición de pena sitúa el caso en una fase especialmente sensible. La Fiscalía sostiene que el exjugador debe afrontar una condena de 9 años por unos hechos que, según la acusación, ocurrieron mientras formaba parte de la plantilla del Espanyol. Aguado, por su parte, defendió que confía “plenamente en la justicia” y pidió que el juicio llegue “lo antes posible”, convencido de que el proceso debe resolverse en sede judicial y no en los titulares.
En su mensaje, el futbolista insistió en que lleva “1 año” con su vida “parada de golpe” y sin poder ejercer su profesión por “una acusación gravísima”. También afirmó que no ha firmado por ningún otro equipo desde que terminó su contrato con el RCD Espanyol. Ese dato importa porque deja al jugador fuera de competición mientras el procedimiento penal sigue su curso y mientras su futuro deportivo permanece bloqueado por completo.
Aguado fue más allá y aseguró que el público solo está escuchando una versión del caso. Dijo que no se han tenido en cuenta los testigos presenciales que declararon ante el juez, las supuestas incoherencias en la declaración de la denunciante, las contradicciones entre las distintas versiones y los informes médicos iniciales. Su crítica no se limitó a la causa penal: también cuestionó la cobertura informativa y denunció que se ha instalado una especie de presunción de culpabilidad. “La libertad de información no debería ser un cheque en blanco para atropellar derechos fundamentales”, afirmó.
El trasfondo del caso explica por qué la discusión pública se ha intensificado ahora. Las denuncias por agresión sexual pueden tardar en presentarse y no existe un límite temporal para interponerlas, un dato relevante en procedimientos como este, donde la secuencia de testimonios y pruebas suele convertirse en el centro del litigio. La defensa de Aguado intenta poner el foco en esas supuestas grietas, mientras la acusación mantiene su petición de una condena severa.
Lo que viene ahora es el juicio y, después, la valoración judicial de unas versiones que hoy siguen enfrentadas. Aguado ya eligió su estrategia: salir a hablar, defender que no ha tenido la oportunidad de contar su versión completa y pedir que la causa avance cuanto antes para que sea un tribunal, y no la conversación pública, el que cierre el caso.

