El concejal Edison Aguilera, del Partido Republicano, publicó esta semana un reel en Instagram para cuestionar al alcalde de Maipú, Tomás Vodanovic, por una cifra de presupuesto que, según dijo, no se ajusta a la realidad. Aguilera afirmó que era “falso” que el 90% del presupuesto municipal estuviera comprometido y sostuvo que los números expuestos por el jefe comunal no cuadraban.
En su video, Aguilera dijo que había revisado la cuenta pública 2025 de la Municipalidad de Maipú y que, al sumar cuatro ítems, llegaba a $102.403 millones, equivalentes a poco más del 55% de un total de $186.000 millones. Su crítica apuntó directamente a la forma en que el alcalde describió el margen disponible para administrar el municipio. “No asustemos a los vecinos dando datos que no son correctos”, señaló, y agregó que “porque tenemos que trabajar como autoridades en pro de la transparencia”.
La respuesta del municipio llegó esta misma semana con una explicación técnica que buscó separar dos formas distintas de mirar las finanzas comunales. La Municipalidad de Maipú sostuvo que Aguilera usó el presupuesto total ejecutado, mientras que Vodanovic se refirió al presupuesto operativo real. Según el municipio, ese presupuesto operativo para 2025 asciende a cerca de $124.000 millones, y los cuatro gastos estructurales superan los $105.000 millones, lo que equivale a cerca del 85% de ese monto.
El contraste entre ambas lecturas no es menor. En la versión municipal, el cálculo de Aguilera toma una base más amplia de la que corresponde para medir la disponibilidad real de recursos, mientras que la exposición del alcalde apuntaba a lo que efectivamente queda después de compromisos permanentes. El municipio dijo incluso que “el punto planteado por el alcalde es correcto”, y remarcó que la mayor parte de los recursos disponibles ya está comprometida en gastos permanentes y difíciles de ajustar.
Esa diferencia técnica tiene un efecto político inmediato: define cuánto margen queda, de verdad, para financiar seguridad, ayuda social, pavimentación u otros programas comunales. El municipio fue más allá y advirtió que queda muy poco espacio para cubrir esas áreas si primero se descuentan los costos fijos que arrastra la administración local.
La discusión se inserta en un debate más amplio sobre la necesidad de una reforma al financiamiento municipal, un tema que vuelve cada vez que una comuna intenta explicar por qué sus ingresos aparentan ser mayores de lo que en realidad puede usar. En este caso, Maipú insistió en que la clave está en el presupuesto operativo real y no en la cifra total ejecutada, porque allí se mide la capacidad efectiva de responder a las demandas del día a día.
El choque, en el fondo, no dejó dos versiones igualmente válidas sobre el mismo dato. De acuerdo con la explicación municipal, Vodanovic tenía razón al advertir que gran parte del presupuesto ya está comprometido, y el cálculo de Aguilera se apoyó en una base que no refleja ese margen disponible. Lo que sigue, para la discusión local, no es si hay o no menos dinero del que parece, sino cómo se reparte un presupuesto que llega a 2025 con casi todo atado de antemano.

