José Antonio Kast volvió a poner en el centro el debate sobre los proyectos detenidos por razones medioambientales y lo hizo con ironía. El jueves, en una nueva edición de "Presidente Presente", sostuvo que la energía está en el norte y que no puede llevarse al sur porque "apareció una colonia de chinchillas" en medio de la línea de transmisión. Incluso remató que habría sido más barato convertir un resort para esos animales.
Un día después, Paulina Núñez salió a cuestionar esos dichos en una entrevista con radio Infinita. La senadora reconoció que algunas demoras sí deben revisarse, pero marcó un límite claro: en asuntos tan delicados, dijo, hacen falta "más prudencia, más equilibrio, más templanza y, por supuesto, más responsabilidad también de los organismos del Estado". Añadió que si una obra se topa con osamentas, "obviamente que la situación tiene que detenerse".
La discusión no tardó en subir de tono. Durante el fin de semana, Luis Fernando Sánchez respondió en redes sociales que "la prudencia debe tenerla la senadora" y que Chile necesita cambios, entre ellos dejar atrás "ese ambientalismo radical que prioriza las chinchillas sobre las personas". También acusó a algunos de sostener un "oficialismo a la carta". Cristián Araya, por su parte, cuestionó que se quiera "pautear al Presidente desde el Congreso", mientras Cristián Neira afirmó que la tolerancia excesiva a activistas medioambientales tiene a Chile con proyectos paralizados y puede frenar inversiones, empleo y desarrollo.
El cruce refleja una tensión que no empezó esta semana y que viene escalando entre Renovación Nacional y el Partido Republicano durante la administración de Kast. El episodio más áspero mencionado hasta ahora había sido cuando Núñez y María José Gatica criticaron la decisión de remover a la directora del Sernameg, Priscilla Carrasco. Esta vez, la disputa volvió a pasar por el mismo fondo, pero con un tono más abierto: qué tanto debe pesar la cautela institucional frente a la urgencia de destrabar obras y cómo se pone ese límite sin convertir la discusión ambiental en una pelea política total.
Lo que queda claro es que el choque no se agotó con las respuestas del fin de semana. La senadora defendió la necesidad de prudencia y el sector republicano la acusó de sobrerregular el debate; entre ambos lados sigue abierta la misma pregunta de fondo: si Chile quiere acelerar proyectos, quién fija la línea cuando aparecen hallazgos sensibles o exigencias ambientales que obligan a detenerlos.

