Ximena Lincolao quedó en el centro de las preguntas por transparencia en el Ministerio de Ciencia después de que se conocieran dos reuniones con representantes ligados a grandes tecnológicas que no aparecieron de inmediato en los registros de lobby. El sábado 4 de abril, mientras estaba en Estados Unidos, sostuvo una reunión virtual desde su casa con personas vinculadas a Google, y el jueves 9 de abril, ya de regreso en Santiago, recibió en la cartera a Ximena Rincón junto a un lobista de Meta.
El primer caso no fue ingresado al registro de lobby. El segundo tampoco apareció inicialmente en la plataforma pública. La secuencia importa porque ambas citas ocurrieron en días en que la ministra buscaba ordenar una cartera golpeada por renuncias internas y por el desgaste de una conducción que, según gente del propio ministerio, llegó marcada por una lógica distinta a la del resto del equipo.
Lincolao sostuvo que la cita del 4 de abril fue “sostuvimos una reunión virtual de carácter técnico y administrativo con BS Tecnología, empresa proveedora de la plataforma de correo electrónico institucional, y con integrantes del equipo técnico de Google Administración”. También explicó que el objetivo fue “coordinar la recuperación del acceso a la consola del dominio web institucional”. Es decir, presentó ese contacto como una gestión operativa y no como una reunión política o de influencia empresarial.
En la misma línea, afirmó que el entonces subsecretario Rafael Araos recibió representantes de Meta durante la mañana del 9 de abril y que esa reunión sí quedó registrada bajo la ley de lobby. Pero después de ese encuentro, los lobistas de Meta fueron a saludar a Lincolao y a entregarle apoyo por lo que había sufrido el día anterior. En esa visita, además, se entregó un ramo de flores a la ministra de Ciencia. El detalle terminó por alimentar las dudas sobre qué debía considerarse una interacción protocolar y qué debía registrarse como gestión con interés particular.
Dentro de la cartera, funcionarios y asesores dicen que a Lincolao se le advirtió más de una vez que cualquier reunión con empresas o grupos de interés debía ser inscrita. También describen un choque inmediato de culturas tras su llegada. Una persona del ministerio resumió esa diferencia con una frase que la propia ministra ha usado para explicar su estilo: “Ella tiene otra velocidad y otra lógica”.
La tensión no es menor porque el caso ocurre en medio de una crisis más amplia en el Ministerio de Ciencia, todavía sacudido por la renuncia de Rafael Araos y de buena parte del gabinete. La llegada de Lincolao fue leída dentro del gobierno como una señal de giro hacia el desarrollo tecnológico y la inversión privada, una orientación que ella misma defiende con un discurso enfocado en conectar la ciencia con la economía real.
“La investigación científica y académica es el corazón de este ministerio; sin ella no hay conocimiento que transferir”, ha dicho. Y también ha remarcado que “para que esa ciencia impacte en el desarrollo del país, necesitamos conectar de mejor manera nuestra capacidad científica con el sector productivo”. Ese argumento explica su agenda, pero no disipa la pregunta central que dejaron estas dos reuniones: si la ministra y su equipo están cumpliendo al pie de la letra con las obligaciones de registro que exigen sus propios encuentros con el sector privado.
La discusión, por ahora, no gira sobre si hubo o no reuniones, sino sobre cómo fueron registradas y bajo qué criterio se distinguieron los contactos técnicos de las gestiones que deben quedar a la vista pública. En una cartera donde la confianza interna ya estaba dañada, ese matiz puede terminar siendo el punto que defina el costo político del episodio.

