La Armada de EE.UU. anunció este miércoles el despliegue del portaaviones USS Nimitz en el Caribe, una maniobra que coloca a uno de los buques de guerra más conocidos de la flota en aguas cercanas a Cuba. El navío, de mediados de la década de 1970, va acompañado por el destructor USS Gridley y el buque de apoyo USNS Patuxent, y transporta decenas de cazas de combate y otros aviones militares en su cubierta.
La Comandancia Sur del ejército de EE.UU. divulgó el anuncio en redes sociales y presentó al Nimitz como el «epítome de la preparación y de la presencia, de la letalidad y el alcance sin igual y de la ventaja estratégica». También afirmó que el portaaviones «ha mostrado su valentía para el combate en todo el planeta, asegurando la estabilidad y defendiendo la democracia desde el Estrecho de Taiwán hasta el Golfo Arábigo».
La llegada del Nimitz se produce en un momento de renovada presión de Washington sobre La Habana. Este miércoles, Donald Trump dijo que «Cuba está en nuestra mente», aunque añadió que no creía necesaria una «escalada» para lograr concesiones de la isla. También calificó a Cuba como «Ese lugar es un desastre», en comentarios que subrayan el tono de su campaña contra el gobierno cubano.
Ese despliegue encaja con una estrategia más amplia del Gobierno de Trump para empujar al régimen castrista hacia una mayor apertura económica y más libertades, un objetivo que Washington persigue desde que Fidel Castro encabezó la revolución de 1959. La presencia del portaaviones recuerda además a la presión ejercida este año sobre Venezuela, cuando EE.UU. desplegó en el Caribe el USS Gerald Ford en el contexto que precedió a la captura de Nicolás Maduro a comienzos de este año.
El Nimitz había estado en las últimas semanas desplegado en Sudamérica, donde participó en ejercicios militares conjuntos con la Armada de Brasil. Fuentes estadounidenses dijeron que su presencia en las inmediaciones de Cuba será una «muestra de fuerza», una señal que coincide con la lectura de que Washington busca aumentar la presión sin cruzar por ahora hacia un enfrentamiento abierto.
La tensión no se limita al mar. Este miércoles, el Departamento de Justicia reveló la imputación de Raúl Castro, un dato que añade más carga política a una jornada ya marcada por el movimiento del portaaviones. En conjunto, las medidas de Washington dibujan un pulso directo con un gobierno que Estados Unidos considera antagonista desde 1959, y el USS Nimitz pasa ahora a ser la pieza visible de esa presión.
Si el despliegue busca una respuesta inmediata de La Habana, la clave está menos en el Nimitz que en el cálculo de Trump: cuánta presión puede sostener sin convertir la muestra de fuerza en una escalada que no quiere admitir.

