Oksana Selekhmeteva jugará bajo la bandera española después de que el Consejo de Ministros le concediera la nacionalidad por carta de naturaleza hace dos días. La tenista, de 23 años, quedó así en disposición de ser seleccionable para la Billie Jean King Cup.
La noticia coloca a Selekhmeteva en un papel poco común dentro del tenis femenino español: una jugadora nacida en Rusia, afincada en Barcelona desde hace años, que pasa a competir para España con 23 años y siendo 88 del ranking WTA. Su cambio llega además en un momento en que el circuito sigue registrando movimientos de nacionalidad entre jugadoras vinculadas a la guerra en Ucrania.
Selekhmeteva, zurda y entrenada por Ana Alcaraz, se había instalado en Barcelona hace tiempo y desde allí ha construido una carrera que ya la llevó a firmar una victoria llamativa sobre Paula Badosa en la segunda ronda del Open de Australia de 2025. La concesión de la nacionalidad le abre ahora la puerta de forma inmediata al equipo español en competiciones por países, una opción que estaba encima de la mesa desde que se conoció la decisión del Gobierno.
El cambio no era, sin embargo, total en el calendario oficial. En el momento de la publicación, Selekhmeteva seguía figurando para jugar con Rusia en la próxima edición de Roland Garros, una muestra de que los trámites deportivos y los administrativos no avanzan siempre al mismo ritmo. Esa distancia entre lo que ya decidió el Consejo de Ministros y lo que aún reflejaban los registros del tenis internacional resume el punto exacto en el que se encuentra su caso.
Su nacionalización la sitúa también dentro de una corriente más amplia en el tenis femenino. Desde el inicio de la guerra en Ucrania, varias jugadoras rusas han cambiado de país deportivo, entre ellas Daria Kasatkina, Anastasia Potapova, Kamilla Rakhimova, Maria Timofeeva, Polina Kudermetova, Varvara Gracheva y Elina Avanesyan. En ese grupo, el paso de Selekhmeteva añade otro nombre a una lista que sigue creciendo y que ya forma parte del mapa competitivo del circuito.
La diferencia, en su caso, es que España no solo suma a otra jugadora con recorrido internacional. Suma a una tenista ya integrada en el país, con base en Barcelona, con una entrenadora española y con un lugar concreto en la clasificación mundial. A partir de ahora, su futuro inmediato pasa por un solo uniforme: el español.
