Gabriel Rufián se ofreció este miércoles por primera vez como candidato para una posible coalición de partidos de izquierdas. Lo hizo en un coloquio en el Club Siglo XXI de Madrid, donde puso sobre la mesa una idea que llevaba semanas empujando y la elevó ya a propuesta pública.
“Si puedo ayudar a una confluencia, p'alante”, dijo el portavoz de ERC en el Congreso, al explicar que está dispuesto a contribuir a “una confluencia o una colaboración entre las izquierdas soberanistas y estatales”. Rufián añadió que no ve sentido a que existan “dos derechas y 14 izquierdas” y defendió que, según la provincia, ERC debería liderar en unas circunscripciones, el bloque estatal en otras y, en algunas, incluso no presentarse.
Su intervención tuvo un peso particular porque ya no se limitó a reclamar coordinación entre sensibilidades distintas, sino que se ofreció él mismo para encabezar ese intento si llega a cristalizar. “Esto no es opinión, es información”, remarcó ante un auditorio que escuchó a un dirigente que por primera vez habló en público como posible candidato de una fórmula unitaria en la izquierda.
La propuesta llega después de un mes de señales repetidas. Hace unas semanas, en un acto en Barcelona con Irene Montero, Rufián dijo que era el momento de que la izquierda soberanista inspirara a la izquierda española. Y el domingo pasado volvió a insistir en que las izquierdas son “el problema” al valorar el resultado de las elecciones andaluzas, una lectura que volvió a colocar el debate de la fragmentación en el centro de su discurso.
Rufián también marcó límites personales y orgánicos. Aseguró que no volverá a presentarse por ERC si no se cumplen unas condiciones que, según dijo, la dirección del partido ya conoce y que se refieren al grupo parlamentario. “Si no se cumplen, yo no estaré y me iré a mi casa”, afirmó, aunque al mismo tiempo dejó claro que no piensa abandonar su carné de militante.
Ahí está la fricción de fondo. Mientras Rufián empuja una alianza entre izquierdas soberanistas y estatales de cara a las próximas generales, la dirección de ERC que encabeza Oriol Junqueras ha dicho que no tiene intención de explorar acuerdos con partidos de ámbito estatal y que concurrirá con sus propias siglas. La distancia entre esa posición y la que defendió el portavoz en Madrid deja abierta una incógnita política de primer orden: si el movimiento de Rufián es solo una oferta personal o el primer paso visible de una negociación que aún no ha comenzado.
Por ahora, lo que sí ha quedado claro es que Rufián ha decidido poner su nombre al frente de la idea y admitir públicamente que la fragmentación de la izquierda, tal como está planteada, no le parece sostenible. La cuestión ya no es si quiere impulsar una confluencia, sino si alguien en las izquierdas está dispuesto a seguirlo.

