Wes Streeting dimitió el jueves como secretario de Sanidad tras perder la confianza en el liderazgo de Sir Keir Starmer, y lo hizo con un discurso de 20 minutos ante los diputados en la Cámara de los Comunes. El veterano laborista de 43 años dijo que se marchaba porque el Gobierno estaba perdiendo la batalla contra el nacionalismo y advirtió de que, si no cambia de rumbo, podría entregar las llaves de Downing Street a Reform UK.
Streeting no presentó su salida como un gesto de procedimiento, sino como una advertencia política de primer orden. Dijo que la situación era una amenaza existencial para el futuro del Reino Unido y sostuvo que por primera vez en la historia del país los nacionalistas están en el poder en cada rincón del territorio. También afirmó que el nacionalismo escocés y galés representa una amenaza existencial para la integridad futura del país, mientras que Reform UK supone un peligro para los valores e იდეales que han hecho grande a la nación.
Su ruptura con Starmer llega en una semana en que la presión interna sobre Labour no ha dejado de crecer. La salida de Streeting se produjo después de que el partido sufriera derrotas electorales en Inglaterra, Escocia y Gales a comienzos de mes, y tras la dimisión la semana pasada de Jess Phillips como ministra encargada de la protección de menores. En el momento del discurso, el primer ministro seguía resistiendo las peticiones de fijar un calendario para su salida.
El mensaje de Streeting fue más amplio que la disputa dentro de Labour. Usó la intervención para defender una relación especial nueva con Europa y criticar el Brexit, al sostener que Reino Unido habría estado mejor liderando Europa que abandonando la UE. También centró buena parte de su intervención en los jóvenes, a quienes describió como la primera generación moderna con peores perspectivas que la anterior.
Dijo que ese grupo está siendo tratado con menos cuidado en la educación, cargado de deuda, con menos capacidad para acceder a una vivienda y sin protección frente al “apocalipsis laboral de la IA”. Añadió que millones de jóvenes que trabajan duro y hacen lo correcto no ven un camino hacia la propiedad de una casa o la seguridad, y que muchos están posponiendo la vida adulta. Aun así, insistió en que Labour fue elegido para ofrecer un cambio real y que todavía puede hacerlo. Su salida deja una conclusión clara: la crisis del partido ya no es sólo de liderazgo, sino de rumbo, y la pelea por ese rumbo acaba de entrar en una fase más dura.

