Lectura: Fernando ónega recibe el Premio Bravo Especial póstumo de la Iglesia

Fernando ónega recibe el Premio Bravo Especial póstumo de la Iglesia

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La concedió este lunes a el , un reconocimiento que su hijo, , recogió en la ceremonia celebrada en la sede de la institución. El periodista había muerto dos meses y medio antes del acto.

Ónega Rodrigo, de 24 años, acudió acompañado por su madre, , para recibir el galardón en nombre de su padre. El gesto convirtió un premio pensado para celebrar una trayectoria en un homenaje con ausencia presente: la del veterano periodista, cuya muerte dejó el reconocimiento sin destinatario físico, pero no sin heredero.

El jurado justificó la distinción con una frase que resume bien el lugar que Ónega ocupó en la prensa española: su nombre está ligado a la historia del periodismo político de la transición y su estilo directo sigue siendo una escuela para los cronistas actuales. Esa valoración no llegó en un vacío. Ónega fue durante años una figura mayor del periodismo político de la España de la Transición, y su apellido sigue asociado a una manera de narrar la actualidad con claridad y pulso.

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La ceremonia también dejó otros nombres sobre la mesa. fue reconocida en la categoría musical por su álbum Lux, mientras que recibió el premio cinematográfico por . Ninguna de las dos acudió en persona al acto, celebrado en la sede de la Conferencia Episcopal.

La escena que dejó el lunes no fue la de una entrega más, sino la de una herencia pública. Fernando Ónega Rodrigo, que trabaja en desarrollo de software e inteligencia artificial y se graduó en Ingeniería Informática en la Universidad Autónoma de Madrid, tomó el relevo de una familia mucho más acostumbrada a la exposición mediática en sus hermanas, Sonsoles y Cristina. Él, que usa el seudónimo Onegafer y comparte modelos y avances en Hugging Face, apareció en un ámbito muy distinto al suyo para cerrar un reconocimiento que llegó tarde por apenas dos meses y medio, pero a tiempo para fijar memoria.

Y ahí está la respuesta que deja el premio: la Conferencia Episcopal no solo distinguió a un periodista fallecido; confirmó que el peso de Fernando Ónega sigue vivo en la conversación sobre el periodismo político español, ahora sostenido por la voz de su hijo al recoger un galardón que ya no podía recibir él.

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