El juzgado de lo Penal de Vilanova i la Geltrú cerró este lunes con una condena de multa el caso por la muerte del bombero Joan Liébana, de 30 años, que quedó atrapado en un incendio en un taller de coches el 17 de junio de 2021. El cabo de Bomberos de la Generalitat M. F. C. y el binomio del fallecido, I. B. B., reconocieron que cometieron un delito de homicidio por imprudencia grave.
La resolución fija para M. F. C. una multa de 5.400 euros y para I. B. B. otra de 4.500 euros, después del acuerdo alcanzado la semana pasada entre la Fiscalía, la defensa y la acusación particular ejercida por la familia de Liébana. La Fiscalía de Barcelona había llegado a pedir hasta tres años y tres meses de cárcel para cada uno, además de inhabilitación profesional por el mismo periodo.
Los hechos se remontan a aquel 17 de junio de 2021, cuando el Parque de Bomberos de Vilanova i la Geltrú recibió el aviso en torno a las 13.56 horas por un incendio en un taller de coches. En una de las dotaciones que acudieron iba Liébana, que entró en la nave junto con su equipo. Según la resolución judicial, los bomberos accedieron al inmueble nada más llegar y, ya en el interior, I. B. B. pidió intercambiar su posición con la de Liébana cuando se dirigían a unas estancias para localizar el foco del fuego.
El documento añade que Liébana no se aferró a la manguera y perdió la posición de sus compañeros. Poco después, el cabo ordenó de viva voz dar la vuelta para salir por las altísimas temperaturas, la falta absoluta de visibilidad y porque el incendio no había sido localizado. El resto del grupo abandonó el edificio sobre las 14.24 horas, salvo Liébana, que quedó solo en la parte del altillo de la nave, sin posibilidad ninguna de recuperar la posición de sus compañeros.
La resolución sostiene que el bombero trató de salir por sus propios medios, se adentró en una de las tres estancias apoyándose en las paredes en busca de una puerta que le condujera a la escalera y cayó desvanecido. Murió, según el fallo, debido a las altísimas temperaturas y probablemente al agotamiento de las reservas de aire del equipo, hasta que, debido a las altísimas temperaturas y probablemente al agotamiento de las reservas de aire del equipo, no pudo ya seguir. Tampoco logró activar la alarma de código rojo ni emitir un mensaje de socorro por la emisora.
Ninguno de los acusados advirtió que Liébana no había salido de la nave hasta que fue hallado por casualidad por dos efectivos que subieron al altillo para abrir ventanas y ventilar después de extinguir el incendio. La familia ya había sido indemnizada por las compañías de seguros, y el caso quedó resuelto mediante una sentencia de conformidad que rebajó la respuesta penal respecto de la petición inicial de la Fiscalía. Para los allegados de Liébana, el desenlace judicial no cambia el hecho central: un operativo que terminó con un bombero muerto y dos responsables aceptando que actuaron con imprudencia grave.
