Montejurra cambió de signo político antes de que llegara la violencia. A finales de los años 60, la tradicional romería carlista dejó de ser una celebración vinculada al franquismo para convertirse, en palabras de Carlos Catalán, en un acto de afirmación antidictadura.
“Fue evolucionando hacia un acto de afirmación antidictadura”, dijo Catalán, que tenía 19 años en 1976. Recordó que en aquellos años el encuentro era, quizá, “una de las manifestaciones semitolerada por el régimen más en contra de la dictadura”. El 9 de mayo de 1976, con gris, llovizna y niebla, la peregrinación llegó ya como una cita política abierta, con representantes de otras fuerzas de izquierda invitados y con un carácter religioso prácticamente desaparecido.
Ese giro explica por qué Montejurra pesaba tanto en plena Transición española. Para Catalán, la oposición al régimen de Franco era frontal: “pensábamos que había que oponerse a la dictadura de Franco por todos los medios”. Sus demandas incluían libertad de expresión, de reunión y de prensa, y también la condena a la persistencia del franquismo. Lo que debía ser una concentración de militantes y simpatizantes terminó siendo una prueba de hasta dónde llegaban la tensión y las divisiones en torno al carlismo.
José Lázaro Ibáñez situó el clima previo en la semana anterior a la peregrinación. Según dijo, el grupo supo entonces que había mercenarios en Irache y en la cima de Montejurra, que un helicóptero de la Guardia Civil había aterrizado allí y que el lugar estaba rodeado de policías y coches camuflados, como de agentes encubiertos. También apareció una pintada amenazante: “EKA moriréis esta semana”.
El 9 de mayo, la sorpresa llegó de frente. Lázaro Ibáñez dijo que los peregrinos fueron atacados por un grupo de unas 200 personas cuando comían en la explanada del Monasterio de Irache, y que les arrojaron piedras. Catalán lo recordó como una escena de aparente normalidad rota de golpe: “La gente estaba almorzando con las botas echando un trago de vino, antes de que empezaran los actos”. La violencia convirtió una romería ya politizada en uno de los episodios más tensos de la Transición.
Montejurra había sido una peregrinación carlista tradicional, pero su significado cambió con el tiempo hasta quedar como una plataforma antifranquista. En 1976, ese viraje ya era visible: el encuentro había perdido casi por completo su carácter religioso y servía de punto de reunión para la izquierda y para sectores del carlismo enfrentados entre sí. Lo que ocurrió en Irache no fue un accidente aislado, sino el choque entre un símbolo que había dejado atrás el franquismo y quienes seguían viendo en él un campo de batalla político.

