La humanidad ha cruzado siete de los nueve límites planetarios y, por primera vez, la acidificación del océano aparece entre ellos. El nuevo Planetary Health Check 2025 del Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático pinta una imagen más dura que la de años anteriores: el mar ya no solo absorbe parte del exceso de carbono humano, también está saliendo de la zona segura que ayudó a estabilizar el sistema terrestre.
El informe dice que la superficie del océano ha visto caer su pH en unas 0,1 unidades desde el inicio de la era industrial, un cambio que equivale a un aumento de la acidez de entre 30% y 40%. En paralelo, la saturación media global de aragonita en las aguas superficiales se sitúa en 2,84, apenas por debajo del nuevo umbral revisado de 2,86. Esa diferencia importa porque varios organismos marinos dependen de ese equilibrio químico para formar sus estructuras calcáreas. Ya se han observado daños en las conchas de pterópodos en algunas zonas.
La magnitud del aviso no viene solo del dato nuevo sobre el mar. El mismo informe incluye entre los límites ya superados al cambio climático, la pérdida de biodiversidad, el uso del suelo, el agua dulce, los ciclos de nutrientes y las nuevas entidades químicas. Johan Rockström, una de las voces centrales del trabajo, dijo que más de tres cuartas partes de los sistemas de apoyo de la Tierra ya no están en la zona segura.
La novedad de 2025 es que la acidificación entra por fin en esa lista de alertas. Hasta ahora, el océano había quedado como un gran amortiguador del exceso de emisiones; absorbe parte del CO2 generado por la quema de carbón, petróleo y gas, y con ello altera la química del agua. Pero ese servicio tiene un costo. El océano regula el clima, almacena calor, absorbe parte del carbono humano y sostiene cadenas alimentarias que van desde organismos microscópicos hasta pesquerías enteras.
Los límites planetarios describen nueve procesos que ayudan a mantener estable el sistema de la Tierra, y el mensaje del reporte es que esos procesos no actúan por separado. Clima, agua, suelos, océanos, biodiversidad y contaminación forman una red conectada, de modo que el deterioro de una pieza acelera la presión sobre las demás. En ese marco, la caída del pH marino no es un dato técnico aislado, sino otra señal de que el margen de seguridad se estrecha al mismo tiempo en varios frentes.
La advertencia también tiene una dimensión humana y política inmediata. Sylvia Earle lo resumió con una frase directa: “sin mares sanos, no hay planeta sano”. El punto de fondo para gobiernos, científicos y sectores que dependen del mar ya no es si el océano está cambiando, sino cuánta degradación adicional puede absorber antes de comprometer funciones que sostienen la vida y la economía a escala global.
El próximo paso será medir si este nuevo exceso se traduce en respuestas más duras sobre emisiones, protección marina y uso de los recursos oceánicos. Lo que deja claro el informe es que el mar ha pasado de ser parte de la solución a convertirse también en una alarma que ya no cabe ignorar.
