Pedro Sánchez se convirtió este viernes en el segundo presidente del Gobierno más longevo de la democracia al superar en tiempo en el cargo a José María Aznar. Solo Felipe González le supera ya en permanencia al frente del Ejecutivo, en un recorrido que comenzó el 2 de junio de 2018, cuando llegó a Moncloa tras prosperar la moción de censura contra Mariano Rajoy.
El hito llega después de que Sánchez también rebasara en febrero a José Luis Rodríguez Zapatero, y en un momento en que el presidente insiste en que quiere seguir en la primera línea política. Ha dicho varias veces que piensa presentarse de nuevo en las elecciones del próximo año, y esta misma semana afirmó en un acto en Andalucía que, tras ocho años de mandato, está “a mitad de tarea”.
Su permanencia tiene una lectura política clara: Sánchez ha resistido en el poder sin una mayoría de gobierno sólida y sin una alternativa parlamentaria capaz de apartarlo. Desde 2018 ha pasado tres veces por las urnas, perdió las últimas elecciones y aun así siguió en La Moncloa gracias a dos investiduras y al apoyo de formaciones nacionalistas e independentistas en el Congreso.
Ese equilibrio explica también por qué la legislatura avanza hacia 2027 sin que el Gobierno sea capaz siquiera de aprobar un anteproyecto de Presupuestos. La falta de una mayoría estable ha convertido cada votación en una prueba de supervivencia, pero no ha alterado el dato de fondo: Sánchez ha logrado prolongar su mandato más allá de lo que muchos en su partido consideraban posible cuando entró en el Palacio de La Moncloa.
La comparación con otros presidentes también refleja el carácter excepcional de su trayectoria. En abril de 2024, Sánchez llegó a insinuar que podría dejar el cargo tras conocer la investigación judicial sobre su esposa, Begoña Gómez, una pausa que desencadenó cinco días de reflexión en el PSOE y destapó, otra vez, la ausencia de un relevo claro. Aquella crisis interna no se tradujo en una salida, y el presidente volvió a reafirmarse en el puesto.
Ahora, el aniversario reforzado por el récord le deja en una posición doble: más asentado en términos históricos, pero todavía atrapado en la misma aritmética parlamentaria que ha definido toda su etapa. Sánchez ha resistido porque no ha habido una mayoría alternativa capaz de reemplazarlo; la incógnita es si podrá llevar esa resistencia hasta 2027 sin que la falta de Presupuestos termine por marcar el límite de su margen político.

