Donald Trump dijo que el líder chino Xi Jinping ofreció ayudar a mediar la paz con Irán, y arrancó su última jornada en Pekín con una publicación defensiva en redes sociales sobre lo que Xi había dicho de Estados Unidos. Trump sostuvo que Xi no se refería a él cuando, “muy elegantemente”, describió a Estados Unidos como “quizás una nación en declive”.
El presidente estadounidense añadió que esas observaciones apuntaban al expresidente Joe Biden y no a su propio gobierno. También escribió: “In fact, President Xi congratulated me on so many tremendous successes in such a short period of time”, en una nueva señal de que buscó presentar la conversación como cordial pese al tono más áspero que suele dominar el pulso entre Washington y Beijing. Trump había llamado a Xi un amigo, según el texto de.
La secuencia importa porque llegó en el último día de Trump en Beijing, mientras las dos potencias seguían tratando de proyectar control sobre una relación marcada por sospechas, comercio, seguridad y la posibilidad de choques más serios. Xi abrió la reunión bilateral con una advertencia sobre el riesgo de conflicto entre Estados Unidos y China, un recordatorio de que el lenguaje amable no borró la fricción de fondo. En el mismo día en que Trump difundió su mensaje, también aparecieron referencias a otras discusiones que han rodeado su viaje, desde su postura sobre Irán hasta la manera en que algunos aliados y críticos leyeron la visita, como en los análisis vinculados a Apple Aktie: Trump meldet Millionen-Käufe kurz vor China-Reise, Trump Iran talks put Strait of Hormuz at center of China meeting y James Carville calls Trump’s China trip a big grift as Beijing talks begin.
La tensión está en que Trump no explicó de dónde provenían exactamente las frases que citó ni qué parte de la conversación privada con Xi llevaba a concluir que el líder chino estaba hablando de Biden. Esa omisión deja un hueco importante: el presidente estadounidense quiso fijar el relato de su viaje antes de salir de Pekín, pero no ofreció la base completa para que ese relato quedara cerrado. Lo que sí quedó claro es que, incluso en un intercambio presentado como cordial, la competencia entre ambas capitales siguió asomando por debajo de cada elogio y cada advertencia.
Si Trump buscó salir de Beijing con la imagen de una relación personal sólida con Xi, la realidad que dejaron sus propios mensajes es menos simple. La amistad que reivindicó convivió con una advertencia abierta sobre conflicto y con una pregunta que sigue sin respuesta: hasta dónde puede llegar una relación entre Estados Unidos y China cuando ambos líderes intentan controlar el tono, pero no pueden borrar la desconfianza que define el vínculo.

