El senador republicano Dave McCormick, de Pensilvania, aún no ha tomado una postura sobre la estadidad de Puerto Rico y dijo que la decisión no debería resolverse por conveniencia política. Su comentario lo coloca en medio de un debate que Donald Trump y dirigentes de su partido en el Congreso han abordado con una lógica distinta.
McCormick habló del tema sin comprometerse a apoyar ni rechazar la estadidad, una posición que deja abierto uno de los asuntos territoriales más delicados en Washington. Su mensaje fue claro en un punto: no considera que la respuesta deba construirse a partir de lo que convenga electoralmente o a la aritmética del momento.
La discusión vuelve a tomar peso porque el tema sigue siendo parte del choque entre la Casa Blanca de Trump y los líderes republicanos en el Congreso, donde Puerto Rico aparece con frecuencia como prueba de hasta dónde llega la voluntad de ampliar el mapa político federal. Pero en este caso no hubo un voto, ni una fecha, ni una propuesta formal sobre la estadidad de Puerto Rico; solo la señal de que McCormick, por ahora, no quiere quedar atrapado en una posición dictada por la conveniencia partidista.
Esa cautela importa porque también deja sin respuesta la pregunta más práctica del debate: si McCormick no va a decidirlo por cálculo político, tendrá que decir algún día qué criterio sí usará para hacerlo. Y mientras eso no ocurra, la estadidad de Puerto Rico seguirá siendo menos una decisión tomada que una prueba de qué tan dispuesto está el Partido Republicano a discutirla fuera del guion de sus propios líderes.

