Andreas Christensen volvió a la dinámica tras su lesión, pero no jugó contra el Real Betis y tampoco había participado ante el Deportivo Alavés. El central danés, de 30 años, quedó otra vez fuera del campo en un momento en que su futuro en el Barcelona empieza a verse mucho más abierto que cerrado.
La situación tiene lectura inmediata en el vestuario y en el despacho. Hansi Flick valora las condiciones y la experiencia de Christensen, pero confía menos en su continuidad por la sucesión de problemas físicos que han frenado su presencia en el equipo. Con la plantilla en reconstrucción y la defensa bajo una exigencia mayor de disponibilidad, el Barça ha puesto sobre la mesa una renovación corta y con una rebaja salarial notable.
Eso deja a Christensen ante un escenario poco cómodo. El club no descarta facilitar su salida este verano hacia la Premier League, donde varios equipos siguen de cerca su situación, mientras en Italia también se ha especulado con un posible interés. Sin un Mundial como gran escaparate para impulsar su mercado, el danés llega a este tramo con menos margen para imponer condiciones y con menos certezas sobre su papel.
La propuesta del Barcelona encaja con la nueva línea de la dirección deportiva: priorizar continuidad, fiabilidad y presencia sostenida en posiciones defensivas. Christensen, castigado por lesiones repetidas, ofrece nivel cuando está disponible, pero precisamente esa palabra, disponible, pesa hoy más que su nombre. Y por eso el debate ya no es solo si seguirá, sino bajo qué términos aceptaría seguir un jugador que ve cómo el 26/27 se perfila cada vez más incierto.
Si el verano termina con una venta, el movimiento no sería una sorpresa; sería la consecuencia lógica de una apuesta del club por reducir riesgos y de un futbolista que, a estas alturas, compite más contra su historial médico que contra sus rivales directos.

