José Manuel Albares ha vuelto a poner sobre la mesa la idea de un ejército europeo y lo ha hecho esta semana con un mensaje directo: Europa debe crear y desarrollar una fuerza propia para quedar libre de la presión de Estados Unidos. El ministro español de Asuntos Exteriores dijo que los europeos no pueden seguir despertándose cada mañana preguntándose qué hará Washington a continuación.
Albares sostuvo que la discusión ha cobrado nueva fuerza por dos golpes consecutivos: la invasión rusa de Ucrania y la política internacional errática y virulenta de Donald Trump. En una entrevista con Politico, el ministro pidió que Europa se libere de la dependencia, algo que definió no solo como autonomía frente a aranceles, sino también frente a la amenaza militar. “Este es el momento de la soberanía e independencia de Europa”, afirmó.
La advertencia llega en un continente que ya vive bajo un paraguas militar muy amplio. La OTAN tiene 32 miembros y 24 de los 27 países de la Unión Europea forman parte de la alianza, lo que significa que los Estados de la UE representan el 75% de sus integrantes. Esa superposición explica por qué cualquier llamada a una estructura defensiva separada choca de inmediato con una realidad ya existente: la seguridad europea descansa en gran medida en la OTAN, no al margen de ella.
Albares trató de encajar esa paradoja presentándose como un atlantista que, al mismo tiempo, reclama más margen para Europa. Dijo que Estados Unidos sigue siendo “el aliado natural e histórico de los europeos” y añadió que Europa necesita apoyo tanto de europeos como de estadounidenses. También reconoció que la administración Trump trae “una nueva visión y unas nuevas ideas sobre las relaciones transatlánticas”, una señal de que Bruselas y las capitales europeas no pueden asumir que el vínculo con Washington funcionará siempre con la misma lógica.
Su propuesta no fue una ruptura, sino una fórmula de defensa mutua más visible, parecida al Artículo 5 de la OTAN. La Unión Europea ya cuenta con su propia cláusula, el Artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea, incorporado en Lisboa en 2009, pero Albares defendió que Europa necesita recrear la disuasión que, a su juicio, hace que nadie se atreva a probar realmente si el Artículo 5 funciona. “La magia de la OTAN reside en que formas parte de ella y no pasa nada porque nadie se atreve a comprobar si el Artículo 5 funciona realmente o no [...] Eso es lo que tenemos que recrear: la disuasión. Que si quieres meterte conmigo, que te vayas a otro lado. Porque estaremos unidos”, dijo.
La fricción de fondo es evidente: cuanto más insiste Europa en la autonomía estratégica, más difícil resulta separar esa ambición de la estructura defensiva que ya la protege. Pero Albares dejó claro cuál es, para él, el siguiente paso: si Europa quiere dejar de vivir pendiente de decisiones tomadas en Washington, tiene que construir una capacidad propia que no dependa del humor político estadounidense ni de la amenaza externa que pueda acompañarlo.

