Rafa Mora dijo que tiene nueve propiedades y que recibe unos 6.000 euros al mes por los alquileres, en una conversación reciente en el podcast de Pascual Ariño. El televisivo explicó que algunas de esas viviendas le costaron entre 40.000 y 75.000 euros cuando las compró hace años y dejó claro que no piensa venderlas, incluso si en algún caso cree que está “palmando pasta”.
La confesión llegó con una mezcla de cálculo y memoria personal. Mora aseguró que invertir en vivienda ha sido su mejor negocio porque le deja ingresos recurrentes y porque “sé que cada día mi vivienda vale más”. También recordó a su madre, que limpiaba casas, y dijo que su sueño era tener un apartamento frente al mar. “Lo quiero para invertir, como una vaca lechera”, resumió sobre el uso que le da a su patrimonio.
Sus declaraciones cobran peso por la cifra que puso sobre la mesa y por el contraste con su trayectoria pública. Mora dijo que ha podido ganar unos 5 millones de euros, aunque reconoció que ha gastado mucho en coches, mujeres y fiestas. También admitió que no todas sus apuestas han salido bien: afirmó que ha tenido inversiones que le quitaron el sueño y que lo pasó realmente mal. Esa combinación de rentabilidad y riesgo resume la lógica con la que dice haber construido su cartera inmobiliaria durante la última década, a través de distintas operaciones vinculadas al sector de la vivienda.
El contexto ayuda a entender por qué ahora habla de eso con tanta franqueza. Mora lleva tiempo alejado del foco mediático y centrado sobre todo en gestionar sus inversiones inmobiliarias, trabajar como policía local y llevar una vida más discreta. Antes ganó popularidad en televisión con Mujeres y Hombres y Viceversa y después consolidó su presencia en formatos de Mediaset ligados a la crónica del corazón y a la información de celebridades.
Sus palabras llegan, además, en medio del debate en España sobre el acceso a la vivienda y el aumento de los precios del alquiler. En ese clima, la imagen de un rostro televisivo convertido en pequeño gran casero tiene una lectura difícil de esquivar: Mora no presenta su patrimonio como una jugada especulativa de corto plazo, sino como una estrategia que piensa conservar. Y, por lo que dijo, no parece dispuesto a soltarla pronto.

