La 1 interrumpió de manera forzosa su emisión pasadas las ocho de la mañana y durante algo más de veinte minutos RTVE sustituyó la señal por cortinillas y contenidos promocionales del propio ente público. Antes de las ocho y media, la cadena recuperó el directo y Silvia Intxaurrondo explicó en antena que el incidente se había originado en uno de los sistemas automáticos de alimentación y que se había producido un corte de electricidad.
El episodio afectó al mismo tiempo a dos de los principales canales informativos de la corporación y dejó al programa de Intxaurrondo fuera del aire en plena franja de máxima atención. En ese momento, según Kantar Media, reunía cerca de 340.000 espectadores y un 19,8 % de cuota de pantalla. Cuando RTVE recurrió a los parones con cortinillas y promociones corporativas, el espacio perdió alrededor de 90.000 seguidores y cayó hasta el 13,2 % de share.
La incidencia llegó en una mañana con carga añadida para la cadena: era el último programa antes de las elecciones en Andalucía y coincidía con San Isidro en Madrid. La hora de La 1, además, cerró la jornada con una media del 17,8 % de cuota y 367.000 espectadores, un rendimiento que mantiene al espacio de Intxaurrondo en la parte alta de la franja y explica por qué la interrupción no pasó inadvertida para la competencia ni para el propio sector audiovisual.
A partir de ahí comenzaron las suspicacias. Algunas formaciones y comunicadores deslizaron que la fiabilidad del medidor quedaba en entredicho después de que la audiencia del programa superara ampliamente el 15 % mientras RTVE emitía publicidad, una anomalía que chocó con lo que se veía en pantalla. El sector audiovisual, sin embargo, sigue defendiendo el sistema actual de medición, basado en cerca de 6.000 audímetros, aunque ahora la AIMC va a investigar lo sucedido y pedirá información sobre la audiencia registrada.
Lo que queda por despejar no es si hubo una caída puntual de señal, porque eso ya lo explicó la propia Intxaurrondo, sino si el registro de audiencia reflejó con precisión lo que ocurrió durante esos minutos. Si la investigación de la AIMC confirma discrepancias, el debate sobre el medidor volverá al centro del negocio televisivo; si no, el episodio quedará como una incidencia técnica muy visible en el peor momento posible para una cadena que vive de la confianza en sus datos.

