Dos Pinos incorporó alrededor de 80 agentes de inteligencia artificial en distintas áreas de operación para automatizar tareas, reducir errores y acelerar procesos internos. Uno de los sistemas más recientes verifica la información nutricional y regulatoria de los empaques antes de que un producto llegue a producción.
La herramienta compara los datos técnicos con las etiquetas finales y detecta inconsistencias en la etapa de diseño. Tras su implementación, esas fallas bajaron en más de 50% y el tiempo promedio para llevar productos al mercado se redujo en unos 10 días, según la cooperativa. El avance coloca a la empresa entre las organizaciones de la región que están llevando la IA más allá del experimento y hacia funciones concretas de negocio.
Dos Pinos desarrolló estos agentes principalmente con Microsoft 365 Copilot, Copilot Chat y Copilot Studio. Entre los sistemas ya en uso figuran asistentes para acuerdos de confidencialidad, soporte de TI, evaluaciones de riesgo y hasta un veterinario virtual que recomienda productos para ganado. También hay un caso en ventas: un analista redujo el trabajo manual ligado a la entrega diaria de reportes con herramientas de IA integradas con Power BI y Outlook.
La cooperativa también desplegó herramientas de Copilot entre más de 1.000 colaboradores en una fase inicial y planea ampliar el programa durante este año. En una región donde la presión de costos y la regulación pesan sobre cada decisión, ese tipo de adopción tiene consecuencias directas sobre velocidad, control y margen de error. Dos Pinos procesa cerca de 1,3 millones de litros de leche al día desde unas 1.500 fincas asociadas, una escala que vuelve especialmente valioso cualquier recorte de fricción interna.
Jhojan Rodríguez dijo que los errores no estaban tanto en el diseño gráfico como en la información nutricional y regulatoria, y subrayó que ese nivel de precisión debe ser milimétrico. Alejandro Arguedas sostuvo que la inteligencia artificial y la parte agéntica representan un valor y un potencial inmenso, y que la empresa la ve como una ventaja competitiva para las personas y para la cooperativa, capaz de transformar la forma de trabajar, mejorar procesos, reducir costos y abrir oportunidades antes difíciles de ejecutar.
La tensión está en que Dos Pinos insiste en que no busca reemplazar personal, sino aliviar tareas repetitivas y liberar a los equipos para trabajo estratégico y creativo. Esa promesa será la prueba real del programa: si la automatización termina siendo solo una capa de eficiencia o si logra cambiar, de forma duradera, cómo se decide y se produce dentro de una cooperativa que ya opera con márgenes estrechos y alta exigencia técnica. Para lectores que siguen la expansión de la moneda digital y otras iniciativas de modernización, este caso ofrece una versión menos abstracta de la misma pregunta: qué gana una organización cuando la IA deja de ser promesa y pasa a tocar el trabajo diario.
