Euskadi volverá a ver girar aerogeneradores nuevos por primera vez en dos décadas. El parque eólico de Labraza, en Álava, sumará ocho turbinas y 40 MW de potencia, con una inversión de 60 millones de euros y entrada en servicio prevista para finales de 2026 o comienzos de 2027.
El dato pesa por sí solo: el último aerogenerador que entró en operación en el País Vasco lo hizo en 2006, en el Puerto de Bilbao. Desde entonces, la comunidad ha pasado 20 años sin incorporar nueva energía eólica a su sistema, mientras la generación verde representa solo el 7% del consumo eléctrico total en Euskadi. Ahora, el proyecto de Labraza se presenta como el primer desarrollo eólico vasco que logra avanzar en dos décadas, en un territorio donde levantar grandes infraestructuras energéticas ha chocado de forma repetida con la rechazo social en zonas rurales.
La iniciativa llega tras casi siete años de tramitación desde que sus promotores anunciaron el inicio de los procedimientos. Esa lentitud explica por qué el calendario de hoy tiene tanto peso: el período de pre-reserva para la campaña de financiación Gure Haizea se abre el lunes 18 de mayo, mientras que las sesiones informativas están fijadas para el 19 de mayo en Labastida, el 27 en Oyón y el 28 en Laguardia. La formalización de la financiación está prevista para junio.
La campaña, impulsada por Iberdrola y el Gobierno vasco, ofrece a los vecinos cercanos una rentabilidad anual del 7% a través de un esquema de crowdlending gestionado por la plataforma Fundeen, que ejecuta la inversión con retorno garantizado. El acceso está priorizado para residentes de Labraza, Barriobusto, Oion y Rioja Alavesa, aunque también se abre al conjunto del territorio histórico de Álava. Cada aportación podrá ir de 1.000 a 100.000 euros, con un plazo máximo de tres años, y el canal de financiación puede alcanzar hasta 3 millones de euros.
El consejero Mikel Jauregi ya había resumido meses atrás el estado de la transición energética vasca con una frase dura: «Da un poco de vergüenza ver el peso de la generación renovable». La frase encaja ahora con el momento que vive Euskadi. Si Labraza sale adelante en el calendario previsto, no solo sumará potencia limpia al sistema; también pondrá fin a un vacío de 20 años y marcará la primera gran señal de que la energía eólica vuelve a tener sitio en la planificación vasca.
