Liam Neeson llegó a Corea del Sur para rodar Operation Chromite en 2016 y terminó en el centro de una historia que mezclaba guerra, taquilla y miedo real. La película, ambientada en los años 50 y centrada en una misión de espionaje tras las líneas enemigas en Corea del Norte, lo mostró como el general estadounidense Douglas MacArthur.
El proyecto funcionó. Operation Chromite fue una producción surcoreana, con financiación local, y Neeson fue uno de apenas cuatro miembros del reparto que no eran de Corea del Sur. Además, sus líneas fueron de las pocas que se escuchaban en inglés, una rareza en una cinta dominada por intérpretes nacionales. Aun así, la apuesta conectó: encabezó la taquilla surcoreana en su estreno y acabó generando 50 millones de dólares en todo el mundo con un presupuesto de apenas una quinta parte de esa cifra.
La película llegó en un momento en que el nombre de Corea del Norte volvía a circular con fuerza en Hollywood. En 2014, Seth Rogen estrenó The Interview, una sátira política sobre dos periodistas que iban a hablar con Kim Jong Un y que luego terminaban reclutados por la CIA para intentar eliminarlo. Después vino el hack a Sony Pictures, atribuido por la compañía a un grupo anónimo que infiltró su red, filtró una gran cantidad de información y dejó un mensaje en el que pedía retirar la película. Pyongyang negó cualquier implicación.
En ese clima, Neeson habló con franqueza en una rueda de prensa. Recordó que Corea del Norte y Corea del Sur firmaron un armisticio en 1953 y que ambos países siguen, en esencia, en guerra. Dijo que la situación era “horrifying” y que él y el resto estaban muy preocupados, no solo como cineastas sino como ciudadanos del mundo, por hechos tan recientes como el hack a Sony. También subrayó que sabía que muy pocos actores occidentales hacen una película coreana y que se sintió “very, very honoured” y “very, very privileged”, al tiempo que describió como asombrosos el compromiso y la dedicación del equipo en cada puesto.
Ahí está la diferencia con el ruido que rodeó a The Interview: la reacción de miedo no provocó una retirada en cadena ni frenó a Operation Chromite. Al contrario, la cinta surcoreana siguió adelante, ganó en su mercado y terminó siendo un éxito comercial hecho en casa, con un actor extranjero muy visible pero solo una pieza más dentro de una producción dominada por Corea del Sur. Su secuela, The Battle of Jangsari, se organizó de forma apresurada y abrió en el número uno en Corea del Sur en 2019, esta vez sin Neeson y con Megan Fox incorporada al reparto.
Para Neeson, la historia quedó cerrada en una paradoja muy de la industria: una película sobre una guerra nunca del todo resuelta se convirtió en un negocio rotundo, mientras el miedo alrededor de Corea del Norte seguía dictando qué proyectos sobrevivían y cuáles se desmoronaban.

