María Jesús Montero obtuvo 28 escaños en el Parlamento andaluz tras las elecciones autonómicas celebradas el domingo, un resultado que deja al PSOE por debajo del suelo de 30 fijado por Juan Espadas en 2022. La cifra no cambia por sí sola el mapa de poder en una cámara de 109 asientos, pero sí consolida una lectura incómoda para los socialistas en Andalucía: la candidatura de Montero no logró revertir la referencia interna que el partido se había marcado hace dos años.
El dato que explica por qué el resultado pesa más que una simple cuenta de escaños está en esa comparación directa con 2022. Espadas había situado entonces el listón socialista en 30, y Montero se quedó a dos de esa marca. En una noche en la que cada escaño contaba, la distancia es pequeña, pero suficiente para que el PSOE salga de la cita con un retroceso político claro frente a su propia vara de medir. Montero, además, lo hizo en una cámara de 109 diputados donde cada asiento define el margen de maniobra de los bloques.
El golpe para los socialistas llega acompañado de otro movimiento en la izquierda andaluza. Por Andalucía mantuvo sus cinco escaños, mientras Adelante Andalucía pasó de dos a ocho, una subida que reordena el espacio a la izquierda del PSOE y confirma que parte del voto crítico no se quedó quieto. En conjunto, el panorama que dejan las elecciones andalucía montero no es el de una fotografía de estabilidad, sino el de un espacio progresista fragmentado en el que el PSOE pierde impulso y otras fuerzas ensanchan su presencia.
El contexto ayuda a entender por qué el resultado importa hoy y no solo como estadística electoral. Andalucía vuelve a ser un termómetro interno del socialismo español, y la comparación con 2022 convierte los 28 escaños de Montero en una referencia que el partido tendrá que digerir. Aun así, desde el entorno mediático de La Moncloa se dejó claro que Pedro Sánchez mantendría su rumbo político al margen del desenlace autonómico, una señal de continuidad que corta cualquier lectura de rectificación inmediata en Madrid.
Ahí está la tensión real de la noche. Montero no solo compitió por un resultado andaluz; también midió la capacidad del PSOE para sostener su peso en un territorio que suele leerse como test de fondo para los socialistas. El dato final no ofrece una victoria interna cómoda ni una recuperación visible del espacio perdido. Y, con la dirección nacional decidida a seguir su curso, la pregunta que queda no es si Sánchez cambiará de dirección, sino cuánto tardará el PSOE andaluz en encontrar una salida política a un resultado que, por debajo de los 30 escaños, ya entra en la columna de los retrocesos.

