Sammy Marrero, una de las voces más recordadas de la música puertorriqueña y figura histórica de La Selecta, murió el domingo a los 84 años. Su hija, Jennissa Marrero, confirmó la noticia en una publicación en Facebook y dijo que más adelante se darían a conocer los detalles de los servicios fúnebres.
La familia no ofreció, por el momento, detalles sobre la causa de muerte. La confirmación puso fin a horas de expectativa entre seguidores y músicos que durante décadas asociaron a Marrero con una etapa central de la salsa en Puerto Rico, en especial por interpretaciones como La cuna blanca.
Nacido como Samuel Marrero González el 16 de febrero de 1942 en el barrio El Cerro de Coamo, y criado en Bayamón, empezó a hacerse notar desde niño, cuando ganó el primer lugar en un concurso para aficionados. Ya de joven pasó por espacios radiales como La hora del volante junto a Chuito, el de Bayamón, y el Trío Cialeño, antes de integrar el Trío Los Tempest, el Conjunto Los Muchos de don Jesús Chu Fontánez, el grupo de Andrés, Aníbal y Coco, y la orquesta de Osvaldo Valentín.
En esa etapa todavía no había hecho grabaciones comerciales. El giro decisivo llegó en 1970, cuando Raphy Leavitt se le acercó para convertirlo en el cantante principal de La Selecta. Marrero permaneció 44 años con la orquesta y se convirtió en una de sus voces emblemáticas, con un estilo que mezclaba su propio sello con la décima campesina y una manera muy personal de expandir las canciones.
Tras la muerte de Leavitt en 2015, Armando Haddock y Edgard Nevárez organizaron una orquesta para Marrero. En octubre de 2016, Si me caigo, me levanto marcó su debut como solista, un paso que llegó después de una carrera larga al frente de un repertorio que el propio cantante defendía con una convicción sencilla: “Cada canción tiene un porqué de ser”. También explicaba que, en los conciertos, muchas veces terminaba cambiando el plan para complacer al público cuando alguien le pedía una pieza que no esperaba cantar.
En su mensaje de despedida, Jennissa Marrero recordó a su padre como algo más que un cantante querido: lo describió como un ser humano excepcional, padre amoroso, abuelo, familiar y amigo inolvidable. También agradeció las muestras de apoyo, oraciones y cariño recibidas en un momento que la familia calificó como difícil, y aseguró que el legado de Marrero seguirá vivo en su música, en su historia y en el corazón de quienes lo conocieron y admiraron.
Su muerte cierra la vida de un intérprete que marcó generaciones y que llegó a ser descrito como una leyenda de la música puertorriqueña. La familia dijo que los detalles del funeral se anunciarán más adelante.

