Lectura: Ana Belen y Cabezuela: la patria de la infancia que nunca dejó atrás

Ana Belen y Cabezuela: la patria de la infancia que nunca dejó atrás

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dice que es madrileña “100%”, de pura cepa, pero también que Cabezuela sigue siendo su “patria de la infancia”. Y no lo cuenta como una nostalgia decorativa, sino como una parte viva de su historia: el lugar al que vuelve cuando puede, el pueblo donde de niña descubrió una libertad que no encontraba en Madrid.

La cantante, que nació en Madrid, enlaza hoy esa memoria con una idea muy concreta de pertenencia. En Cabezuela, recuerda, era “la hija de la ”, y esa condición bastaba. “Ir al pueblo era volver a lo esencial. Allí era ‘la hija de la Pilar’, y me encantaba esa sensación de no ser nadie más que eso”, ha dicho. También lo resume con una imagen sensorial: “Es ese lugar donde descubres que el mundo no es solo asfalto, sino que huele a campo y a lumbre”.

Su vínculo con el pueblo no es solo emocional. Cabezuela, a unos 47 kilómetros de Segovia, es el lugar de origen de su familia materna. Allí estaba su abuela , la maestra del pueblo, y allí aprendió una forma de vida que ella misma identifica con “esa austeridad” y con la fuerza de “mujer segoviana” que le transmitió su madre. De ella dice que heredó disciplina y sobriedad, dos rasgos que, en su relato, todavía la acompañan.

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Hay en esa herencia un contraste que explica buena parte de su discurso actual. Ana Belén vive en Madrid, compró un chalet en Prosperidad y ha hecho de la capital su casa, pero evita que esa vida borre el resto. Su frase sobre Cabezuela lo deja claro: “Cabezuela es el suelo que me pisa los pies, es lo que me mantiene amarrada a la realidad cuando este oficio de artista te intenta hacer volar demasiado alto”.

Ese arraigo también ha tenido forma pública. En 2013, Ana Belén dio el pregón de las fiestas de Cabezuela y el pueblo llegó a dedicarle una calle. Para ella, ese reconocimiento encaja con la relación de ida y vuelta que mantiene con el lugar: no es un escenario sentimental inventado con el tiempo, sino una continuidad que empezó en la infancia y nunca se rompió.

Su descripción de la vida en el pueblo también explica por qué ese vínculo sigue siendo tan fuerte. Habla de “la leña quemada de invierno y el de la cosecha de verano”, del “sabor del cuidado y de la tradición de siglos” y de ese carácter castellano “tan directo y sin adornos” que dice llevar “muy dentro”. No lo presenta como una postal, sino como una educación sentimental y moral.

Por eso, aunque hoy tenga 74 años y una biografía ligada a Madrid, Ana Belén no se define solo por la ciudad donde nació, en la calle del Oso. Su respuesta es más amplia y más precisa: sigue siendo madrileña, sí, pero también sigue perteneciendo a ese pequeño municipio segoviano donde aprendió otra escala del mundo. Y ahí está la clave de su historia: Cabezuela no fue un refugio pasajero, sino la raíz que todavía la sostiene.

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