El estreno nacional de Obsession el 15 de mayo llevó al público a un final tan oscuro que podría hacer que más de uno se lo piense dos veces antes de pedir deseos con velas de cumpleaños o estrellas fugaces. La película de Curry Barker, creador de YouTube y responsable de Milk & Serial, cierra con una cadena de muertes, magia torcida y una promesa que ya no tiene salida.
La historia gira en torno a Bear, un veinteañero solitario interpretado por Michael Johnston, que lleva años enamorado de su amiga de la infancia Nikki, a quien da vida Inde Navarrette. Desesperado porque ella lo quiera, Bear pide a un One-Wish Willow que Nikki lo ame “más que a nadie en el mundo entero”. El deseo se cumple al instante, pero no como él imaginaba: Nikki pasa a estar obsesionada con él, y sus amigos Ian y Sarah notan enseguida que algo anda muy mal.
Desde ahí, Obsession empuja la premisa hasta el extremo. Nikki espera a Bear durante horas en la puerta y termina ensuciándose en el proceso. También le prepara un sándwich con carne de su gato muerto. Más adelante se revela que no está actuando por voluntad propia, sino poseída por una entidad creada por el deseo. En una de las escenas más duras, Nikki le susurra a Bear en mitad de la noche y le pide que la mate para poner fin a su sufrimiento.
Bear busca respuestas en la empresa detrás del árbol de los deseos y un operador le dice que el hechizo no puede revertirse salvo que muera Bear. Esa revelación convierte el conflicto romántico en una trampa mortal. Nikki, mientras tanto, ve a Bear y Sarah juntos en un auto y mata violentamente a Sarah. El horror deja de ser abstracto y se vuelve personal, con cada intento de corregir el error empeorándolo todo.
A partir de ahí, la película sube la apuesta sin freno. Bear compra más One-Wish Willows, pero no logra romper ninguno. Ian intenta salir del desastre pidiendo un deseo propio y pide un billón de dólares; el dinero cae del cielo de inmediato, como si el filme quisiera demostrar que cualquier capricho puede volverse veneno. Poco después, Nikki mata a Ian también.
Al final, Bear se traga un puñado de pastillas de su abuela y planea morir por suicidio. En la otra habitación, Nikki rompe un One-Wish Willow. Ese gesto confirma la lógica cruel del relato: el deseo nunca fue una salida, sino el mecanismo que encadenó a todos a la destrucción. La respuesta a la gran pregunta que deja Obsession es brutalmente simple: Bear no podía deshacer lo que pidió sin morir, y para cuando lo entiende, ya ha perdido a casi todos los que quería salvar.

