Mario Vaquerizo ha contado que creció en Vicálvaro, un barrio obrero de Madrid, en una infancia que define como feliz, libre y marcada por el cariño constante de sus padres y de sus hermanos. Nacido a mediados de los años setenta, el artista ha reconstruido esos años con una mezcla de orgullo y gratitud por una casa en la que, dice, pudo ser quien quería ser.
Vaquerizo recordó que sus padres, Ángel y Ángeles, formaban una familia trabajadora en la que él se sentía “el rey de la casa”. También habló de sus hermanos, Ángel y Marta, y de una educación que pasó por un colegio público y después por otro dirigido por sacerdotes. Entre las imágenes que dejó de su niñez, dijo que no quería jugar al fútbol y que prefería “ser como las niñas”, una frase con la que subrayó la libertad con la que vivió su identidad en aquellos años.
El peso de ese relato no está solo en la nostalgia. Vaquerizo explicó que tuvo una infancia responsable, disciplinada y muy estudiosa, lejos de la caricatura que a menudo acompaña a su figura pública. También insistió en que venía de una familia “currante” y que no necesitaba grandes lujos para sentirse bien. Esa idea de origen sencillo, repetida por él mismo, ayuda a entender por qué presenta su niñez en Vicálvaro como una etapa decisiva para construir su personalidad sin miedo al juicio ajeno.
En esa historia familiar aparece también la pérdida que cambió el tono de sus recuerdos. Su hermano mayor, Ángel, murió en un accidente de tráfico en 2004, y Vaquerizo lo describió como su guía: el deportista, el guapo y el que lo protegía cuando eran niños. La evocación de esa figura le da a su testimonio una dimensión más dura, porque sitúa la infancia feliz junto a una ausencia que marcó su vida adulta.
El retrato que deja Vaquerizo es el de un hombre que no separa su éxito posterior de un origen modesto y muy concreto. En su versión de aquellos años, la clave no fue el privilegio, sino una familia que le permitió desarrollarse con naturalidad. Y, dicho por él mismo, esa es la razón por la que considera que su infancia fue “de diez”.

