Johnny Depp dice que detesta verse en pantalla, y cuando tuvo que sentarse a ver Black Mass, la experiencia le resultó casi insoportable. El actor recordó que se vio obligado a mirar la película de 2015 y que, durante la proyección, “me aferré a mi silla muy fuertemente”.
La confesión llega en un momento en que Depp, con una carrera de casi 40 años y casi 100 películas, intenta reordenar su regreso a la pantalla. El actor solo ha hecho una película en los últimos seis años, Jeanne du Barry, mientras tiene en marcha dos proyectos nuevos: Day Drinker y Ebenezer: A Christmas Carol.
Black Mass fue uno de los papeles más exigentes de su trayectoria. Depp interpretó a James “Whitey” Bulger, estudió una gran cantidad de material de entrevistas policiales sobre el mafioso y pasó horas en maquillaje y prótesis para transformarse en él. La película, dirigida por Scott Cooper, reunió además a Jessie Plemons, Joel Edgerton, Dakota Johnson, Benedict Cumberbatch y Kevin Bacon.
El filme también encaja en una etapa clave de su carrera. Cooper, que escribió y dirigió Crazy Heart con Jeff Bridges, le dio a Depp un personaje violento años después de que en 1997 interpretara otro papel criminal en Donnie Brasco, una historia sobre informantes del FBI. Para entonces, el actor venía de una filmografía muy amplia, marcada por títulos de gran alcance comercial y por el tropiezo de The Lone Ranger en 2013.
La incomodidad de Depp con su propio trabajo no es nueva. Según la misma fuente, suele evitar ver los diarios de rodaje y no disfruta mirarse en pantalla, aunque considera que era fundamental tratar al personaje con la mayor verdad posible. “Es muy, muy importante para mí, sin importar quién sea la persona, interpretarla con el máximo grado de verdad que pueda aportar”, dijo.
Ese empeño tuvo recompensa en la taquilla: Black Mass recaudó 100 millones de dólares con un presupuesto de la mitad. Pero el dato más revelador no está en la cuenta final, sino en la reacción del propio protagonista, que convirtió una obligación profesional en una prueba de resistencia.
La otra tensión de su recorrido reciente es más concreta: Depp sigue vinculado a nuevos proyectos, pero su presencia en cine se ha reducido de forma drástica, incluso después de haber sido apartado de la franquicia Fantastic Beasts y sustituido por Mads Mikkelsen. Su próxima etapa dependerá de si Day Drinker y Ebenezer: A Christmas Carol logran devolverlo al ritmo que tuvo durante años. Por ahora, lo que deja claro es otra cosa: puede actuar frente a la cámara, pero sigue odiando verse en ella.

