Dos petroleros que habían salido de Venezuela están descargando ahora su petróleo en el país, casi cinco meses después de haberlo tomado. El Olina y el Galaxy 3, rastreados mediante documentos portuarios y movimientos de barcos, protagonizan una maniobra poco común en el comercio de crudo: que un tanque regrese con su carga.
El Olina debía descargar 713.000 barriles el jueves, mientras que el Galaxy 3 devolvió casi 1 millón de barriles a principios de esta semana. Ambos buques, según los datos de seguimiento, probablemente iban rumbo a Cuba y China, dos países que siguieron comprando petróleo venezolano pese a las sanciones. El Galaxy 3 había quedado varado en Venezuela desde finales del año pasado.
La trayectoria del Olina cambió en el Caribe pocos días después de que Nicolás Maduro fuera apartado del poder, cuando fuerzas estadounidenses abordaron el barco. Más tarde, Donald Trump envió el buque sancionado de vuelta a Venezuela como parte de su intento de tomar control sobre las ventas de petróleo del país. El retorno de esos cargamentos llega en un momento en que Estados Unidos importó la semana pasada 588.000 barriles por día desde Venezuela, el nivel más alto desde comienzos de 2019.
Ese número importa porque muestra que, pese a años de sanciones y giros políticos, el petróleo venezolano sigue entrando y saliendo del mercado estadounidense y sigue atado a decisiones tomadas en Washington. Estados Unidos impuso por primera vez un veto de facto a las importaciones de crudo venezolano en comienzos de 2019, pero Petróleos de Venezuela SA mantuvo durante siete años una flota de petroleros fantasmas para mover crudo bajo el radar de las sanciones. Esos barcos desactivaban rutinariamente el rastreo satelital, y PDVSA dependía además de insumos importados de Irán y Rusia para volver su petróleo apto para transporte por oleoductos y refinación.
La tensión detrás de estas entregas no está en el volumen, sino en la señal. En diciembre seguían bloqueados en Venezuela el Romana y el MS Melenia, y el regreso del Olina y el Galaxy 3 sugiere que los cargamentos vinculados al país pueden quedarse atrapados o revertirse cuando cambian las condiciones políticas y de control marítimo. Venezuela intenta ampliar su industria petrolera después de años de comercio ilícito, pero el episodio de estos dos barcos deja claro que todavía opera dentro de un sistema quebrado, donde una carga puede terminar otra vez en el mismo puerto del que salió.

