Néstor García habló este miércoles en la previa de su primer derbi canario y dejó claro el tamaño del reto: Gran Canaria necesita ganar para mantener vivas sus opciones de salvación en la Liga ACB. El equipo se mide ahora a Tenerife en un partido que llega con la permanencia aún abierta y con el margen de error reducido al mínimo.
García describió a Tenerife como un rival de mucha capacidad, con jugadores muy inteligentes, un entrenador asentado desde hace años y una estructura de juego reconocible. Dijo que son quintos en la clasificación, que cuentan con un base y un sistema de pick and roll con el que distribuyen bien el juego, y remarcó que su equipo está en otra situación y debe salir a darlo todo. También quiso sacar de la ecuación la presión emocional: para él, la presión real la sufre quien no llega al dinero para comer a fin de mes.
El técnico insistió en que el vestuario llega preparado. Aseguró que el grupo está “anímicamente muy bien”, sano por completo y con mucho trabajo acumulado durante este tiempo, hasta el punto de que ahora afronta “cuatro finales”. Ese cambio de escenario resume la evolución del equipo desde su llegada, cuando, según recordó, la pelea por el descenso parecía reducirse a Andorra o Gran Canaria; hoy, dijo, son cuatro los equipos amenazados por bajar.
La reacción reciente también sostiene el mensaje de García. Gran Canaria encadenó dos victorias después de perder dos partidos cerrados por un punto, primero contra Girona y después en Málaga. El entrenador subrayó que esos triunfos valen mucho más de lo que parece porque llegaron justo después de golpes muy duros, y aseguró que gracias a ellos el equipo sigue vivo en la pelea. “Parece que no son nada y es muchísimo”, resumió al hablar de esas dos victorias.
En medio de la tensión competitiva, García dejó una escena que retrata el momento del club y el tipo de respaldo que percibe. Contó que la noche anterior cenaba solo cuando seis personas, de distintas edades, se acercaron para decirle que iban a apoyar al equipo y que volverían a animar a “¡Vamos, Granca!”. Ese gesto, dijo, le sorprendió de forma espectacular y reforzó la idea de que Gran Canaria compite también con el empuje de su gente. Lo que viene ahora no admite distracciones: el derbi contra Tenerife puede marcar si el equipo llega al tramo final con vida o con el agua más cerca de la cabeza.
