Universidad Católica llegará a La Bombonera con una sola idea en la cabeza: definir su futuro en la Copa Libertadores frente a Boca Juniors. Daniel Garnero preparó para ese partido un cambio de sistema y planea volver al 1-4-4-2, una fórmula con un delantero menos y un mediocampista más, para afrontar un duelo descrito dentro del club como trascendental y como una final.
En ese dibujo, Jhojan Valencia y Fernando Zuqui aparecen como la dupla de contención en el centro del campo, mientras Jimmy Martínez y Cristian Cuevas serían los hombres por las bandas. Justo Gianni quedó fuera del once pensado por el entrenador, y si esa decisión se mantiene, Fernando Zampedri y Clemente Montes quedarían como referentes del ataque. La apuesta refleja el intento de Garnero por darle más equilibrio a un equipo que necesita sostenerse en un escenario límite.
La modificación no llega de la nada. Durante 2025, Garnero había utilizado en la mayor parte de los partidos un 1-4-3-3, pero en Chile ya había ensayado por primera vez un 1-4-4-2 a mediados de año, cuando buscaba otro tipo de funcionamiento. Ahora, ante Boca Juniors, vuelve sobre esa estructura con la urgencia que impone el calendario y con el margen reducido que deja la tabla de posiciones.
Universidad Católica manda en el Grupo D con 10 puntos y depende de sí misma para sellar su clasificación a los octavos de final. Ese escenario le da al partido una dimensión inmediata: lo que ocurra en Buenos Aires decidirá su lugar en la competencia. El equipo chileno además llega con antecedentes que alimentan su confianza, después de vencer a Cruzeiro en Brasil y a Barcelona en Ecuador en esta misma fase.
Pero la preparación también estuvo marcada por un golpe reciente en el plano local. Universidad Católica perdió ante Colo Colo en el Claro Arena en su último partido de liga mencionado en esta previa, una derrota que reforzó la necesidad de ajustar la estructura antes del viaje a Argentina. Garnero leyó ese tropiezo como una señal para retocar el mediocampo y cerrar mejor los espacios en un encuentro donde cualquier desorden puede costar la clasificación.
La elección de Juan Ignacio Díaz en lugar de Daniel González también forma parte de ese replanteo. González y Branco Ampuero venían siendo la pareja consolidada en el centro de la zaga, pero Garnero decidió mover la pieza y ubicar a Díaz como central izquierdo. El cambio muestra que el entrenador no piensa solo en sostener la pelota o en atacar con orden, sino en resistir la presión de un estadio y de un rival que convertirán la noche en una prueba de fuego.
Con 10 puntos y el liderato del Grupo D en sus manos, Católica se juega mucho más que un partido. Se juega la confirmación de que sus victorias en Brasil y Ecuador no fueron episodios aislados, sino la base de una campaña capaz de sostenerse cuando el margen se reduce al mínimo. En La Bombonera, el equipo de Garnero tendrá que demostrar si el 1-4-4-2 alcanza para convertir una campaña sólida en una clasificación cerrada con autoridad.

