La Corte de Apelaciones de Santiago dictó el fallo Rol Pleno N° 2807-2025 contra una funcionaria judicial que viajó al extranjero mientras estaba con licencia médica. El tribunal decidió no aplicar la prescripción que había pedido la defensa y sostuvo que los hechos podrían eventualmente constituir delitos penales.
La decisión llega años después de que ocurrieran los hechos y de que se iniciara la investigación disciplinaria. En esa etapa, la defensa había invocado las reglas generales del Acta N°108-2020 de la Corte Suprema para pedir que el caso quedara cerrado por el paso del tiempo, pero el tribunal optó por apartarse de ese camino. El expediente menciona de manera particular un eventual fraude y el uso de licencias ideológicamente falsas, aunque no hubo formalización, condena ni sentencia penal alguna.
La resolución pesa más allá del caso individual porque se inserta en el escándalo de las licencias médicas, un episodio que golpeó con fuerza la legitimidad de las instituciones cuando aparecieron funcionarios públicos viajando al extranjero mientras recibían subsidios estatales. En ese contexto, el Poder Judicial necesitaba mostrar firmeza, y el fallo parece responder a esa presión institucional con una señal dura hacia conductas que el sistema considera intolerables.
Pero la respuesta no está libre de fricción. Al evitar la prescripción con el argumento de que los hechos podrían ser delito, el tribunal abre una discusión sobre garantías constitucionales y sobre hasta dónde puede llegar la reacción disciplinaria cuando el proceso penal no avanzó. La Corte de Santiago dejó claro que no aplicó la prescripción y que ve en el caso una posible dimensión penal, aun sin una condena previa que cierre ese debate.
Lo que queda ahora es una señal política y jurídica de fondo: en medio de una crisis de probidad, el Poder Judicial eligió no dejar que el tiempo borre una conducta que considera grave. Para la funcionaria investigada, eso significa que el caso sigue vivo; para el sistema, que la pelea por recuperar credibilidad sigue obligando a decisiones que incomodan tanto como exigen explicación.
