Daniella Levine Cava advirtió que la propuesta de Ron DeSantis para ampliar las exenciones del impuesto a la propiedad en Florida podría recortar más de US$696 millones de los recursos de Miami-Dade, un golpe que pondría presión inmediata sobre servicios que el condado financia cada día. La alcaldesa envió una carta a los líderes legislativos estatales y dijo públicamente que, aunque apoya un alivio fiscal significativo para las familias, cualquier recorte amplio debe ir acompañado de una conversación completa y honesta sobre sus efectos.
Levine Cava dirigió su carta al presidente del Senado, Ben Albritton, y al presidente de la Cámara de Representantes, Daniel Pérez, en medio de un debate que el gobierno estatal presenta como una forma de dar alivio a millones de residentes. Pero el costo local que Miami-Dade puso sobre la mesa es grande y específico: el Jackson Health System podría perder cerca de US$389 millones, mientras que el transporte público enfrentaría una caída de unos US$298 millones.
La advertencia llega porque los impuestos a la propiedad sostienen buena parte de la operación cotidiana del condado, desde salud pública hasta movilidad. Levine Cava señaló que esos ingresos financian servicios esenciales en los que los residentes confían todos los días, y que eliminarlos sin un reemplazo claro y estable desestabilizaría a los gobiernos locales y forzaría consecuencias graves e inmediatas.
El conflicto de fondo es que el estado defiende la medida como alivio, mientras Miami-Dade teme el vacío que dejaría en su presupuesto. Levine Cava también advirtió que una eliminación gradual del tributo para propietarios de viviendas principales podría trasladar más carga fiscal a inmuebles comerciales o destinados al alquiler, un cambio que, dijo, perjudica especialmente a las pequeñas empresas que ya luchan con los costos de seguros y nómina.
Lo que sigue ahora es una discusión legislativa que tendrá que resolver una pregunta que la carta dejó abierta: si Florida amplía las exenciones, quién reemplazará los cientos de millones de dólares que Miami-Dade usa para mantener en pie sus servicios más básicos.

