Alejandro Davidovich Fokina llegó a Hamburgo con una victoria y una vieja herida. El español venció el lunes a Corentin Moutet por 6-4, 6-4 y se ganó un nuevo cruce con Alex de Minaur, que superó a Francisco Cerundolo por 3-6, 6-4, 6-3 en el mismo torneo.
El duelo de segunda ronda del Hamburgo Open quedó fijado para el miércoles por la tarde, en tierra batida, y con eso volvió a escena una de las derrotas más duras de la carrera reciente de Davidovich. El mes pasado en Washington, D.C., el español tuvo tres championship points contra De Minaur en la final, sirvió para el partido con 5-3 en el tercer set y llegó a ponerse 30-0, pero terminó cayendo 5-7, 6-1, 7-6 después de tres horas y tres minutos.
Desde entonces, Davidovich no había vuelto a enfrentarse con el australiano. Tampoco llegaba a Hamburgo en su mejor momento de la temporada: su registro en 2026 era de 12-9, no alcanzaba una semifinal desde Adelaide en enero y no jugaba unos cuartos de final desde Dallas en febrero. Aun así, el calendario le dio otra oportunidad inmediata frente a un rival al que conoce demasiado bien.
La cita tiene peso porque no es un cruce cualquiera. Se trata de la revancha de uno de los encuentros más memorables de 2025, y de un choque entre un jugador al que se le ha descrito como el mejor del circuito ATP que todavía no ha ganado un título y un rival que llega noveno del ranking. En superficie de arcilla, el emparejamiento inclina un poco más la balanza hacia Davidovich, aunque De Minaur tampoco es un desconocido en estas pistas.
El australiano creció jugando sobre tierra mientras se formaba principalmente en España, un detalle que matiza la diferencia entre ambos. Por eso, el partido no se reduce a una cuestión de superficie. También mide hasta qué punto Davidovich puede dejar atrás una derrota que se le escapó de las manos cuando ya parecía suya, y si De Minaur puede confirmar que aquel desenlace en Washington no fue una excepción sino la señal de una superioridad más amplia en los momentos decisivos.
Para Davidovich, la semana en Hamburgo ofrece algo más que una victoria inicial sobre Moutet. Le devuelve al mismo escenario emocional donde perdió una final que tenía al alcance y le pone delante, otra vez, al hombre que la ganó. Si el español quiere que esa historia cambie de final, el miércoles por la tarde tiene la ocasión más clara para hacerlo.

