Carla Pereyra y Diego Pablo Simeone celebraron el sábado 16 de mayo la Primera Comunión de su hija Francesca, en una jornada familiar marcada por la emoción y la cercanía de los suyos. La ceremonia tuvo lugar en la parroquia de Santa María de Caná, donde la niña, de nueve años, había hecho la catequesis durante los últimos dos años.
Después de la misa, la pareja compartió en sus perfiles de Instagram algunas imágenes y mensajes del día. Simeone escribió: “Hoy celebramos tu compromiso con Dios y con el camino de la fe. Te amamos, Francesca”. Pereyra, por su parte, dedicó a su hija unas palabras más largas: “Hoy no solo celebramos una comunión. Celebramos tu luz, tu inocencia y la emoción de acompañarte en este camino tan especial de fe y de nuevos comienzos. Que Dios y la Virgen guíen siempre tus pasos, te cuiden y abracen tu corazón, hija mía. Y que, cuando alguna vez te sientas perdida, recuerdes que esta casa será siempre tu refugio, tu paz y el lugar donde volver para sentir amor y contención”.
Pereyra describió la celebración como “superbonita” y muy significativa para la familia. Dijo que la ceremonia se celebró en la parroquia a la que suelen acudir y en la que asisten a misa con frecuencia, un lugar al que se sienten muy unidos “a don Jesús y a toda la gente que está en ella, que son una gran familia”. La elección del templo reforzó el tono íntimo de una jornada que, más que un acto social, fue un rito de paso para la mayor de las dos hijas que la pareja tiene en común.
La comunión también quedó atravesada por la agenda de Simeone. Pereyra explicó que el entrenador pudo estar presente porque al día siguiente tenía partido contra Girona en el Riyadh Air Metropolitano. “Gracias a Dios, pudo coincidir que el papá pudiera estar, porque al otro día tenía partido. Así que todo encajó perfecto”, dijo. La celebración continuó después con una comida en casa junto a familiares y amigos cercanos.
Entre los asistentes estuvieron Nilda González, madre de Simeone; Giuliano, hijo del técnico y actual jugador del Atlético de Madrid, junto con su pareja Irene Ariza; y los padres de Pereyra. La niña llevó un vestido clásico de comunión con mangas de plumeti y un cinturón rosa con detalle floral, rematado por una corona de flores blancas y rosas. Pereyra resumió el clima familiar de la jornada con una frase que dejó claro el tono del día: “Si hay algo de lo que nos sentimos muy orgullosos es de que tenemos un ‘familión’ y que nos acompañamos mucho en todo. Ella se sintió muy arropada y estaba feliz”.
Valentina, la hija menor de la pareja, de siete años, vivió la comunión de su hermana “con muchísima alegría y entusiasmo”, según contó Pereyra, que añadió que la niña es más tímida y reservada. También adelantó que quiere empezar la catequesis el próximo año. Con Francesca ya integrada en una tradición que empezó hace dos años y con una familia entera volcada en el acto, la celebración dejó una imagen nítida: una comunión privada, sostenida por una comunidad religiosa cercana y por un núcleo familiar que quiso estar presente en cada momento.

