Macarena García y Javier Ambrossi siguen volviendo cada verano a Canido, en la parroquia de San Miguel de Oia, en Vigo, un lugar de Pontevedra donde la familia lleva pasando largas temporadas desde que eran niños. La playa de Canido, también conocida como O Canto da Area, se ha convertido en uno de los rincones más reservados de la costa viguesa para ellos.
Ese regreso no responde a una novedad ni a una moda estival. Responde a una costumbre que empezó en la infancia y que aún hoy les lleva al extremo suroccidental del municipio, donde la costa convive con pequeñas carreteras junto al mar, casas familiares y un entorno natural de vegetación atlántica. Desde distintos puntos de Canido, además, se alcanza a ver el perfil de las islas Cíes cerca del horizonte.
Lo que hace singular a este enclave es precisamente su discreción. En julio y agosto, la zona sigue más tranquila que otros puntos turísticos de la costa española. No hay grandes hoteles ni paseos marítimos masificados por franquicias, y San Miguel de Oia conserva ese equilibrio entre costa, pequeños núcleos rurales y áreas arboladas que explica por qué Canido funciona más como refugio que como escaparate.
En ese mapa de la costa de Vigo, Canido queda al lado de playas mucho más conocidas como Samil, O Vao y Saiáns, pero mantiene otro ritmo. Esa diferencia ayuda a entender por qué García y Ambrossi han hablado en distintas ocasiones de su vínculo con el lugar: no como un gesto de postal, sino como una relación de fondo, construida a base de veranos repetidos y memoria familiar.
El valor de esa conexión también se entiende por quiénes son. García ganó el Goya por Blancanieves y Ambrossi forma parte del dúo Javier Calvo y Javier Ambrossi, responsables de títulos como Paquita Salas y La Mesías. Pero en Canido ese perfil público pesa menos que la costumbre privada de volver al mismo sitio cada verano, a una playa que para ellos sigue siendo parte de casa.
La clave hoy es que Canido sigue siendo exactamente eso: un refugio discreto en las Rías Baixas que no ha perdido su condición residencial pese al tirón turístico del litoral vigués. Y mientras Samil, O Vao o Saiáns concentran más focos, la playa de O Canto da Area conserva el tipo de calma que permite que una historia familiar dure décadas sin dejar de parecer la misma de siempre.

