Polònia ha vuelto a poner a Florentino Pérez en el centro de su sátira con una nueva parodia publicada en sus redes sociales por 3Cat. Esta vez, el programa ha tomado como base Superestrella, de Aitana Ocaña, para construir un número en el que el presidente del Real Madrid aparece blindado ante las críticas y convertido en un personaje que no duda nunca de sí mismo.
El sketch presenta esa seguridad casi total con una idea inventada para la ocasión: la “Florentineza”, una especie de forma de estar por encima del ruido, las polémicas y las dudas externas. La pieza juega con la crítica mediática y futbolística desde varios flancos, con menciones a COPE y al grupo Atresmedia, y repite de forma irónica el estribillo “¡La culpa es de Negreira!”, como si fuera la respuesta automática a cualquier reproche.
La nueva parodia encaja con el tono habitual de Polònia, un espacio satírico recurrente de 3Cat que lleva años mezclando política y deporte para comentar la actualidad desde el humor. En esta ocasión, el foco no está solo en Florentino, sino también en el clima que rodea al Real Madrid: el debate sobre los métodos de entrenamiento, la larga espera por Kylian Mbappé y unas dinámicas internas de cara a las elecciones del club que el propio sketch retrata como casi sin oposición.
Ese es el fondo que explica por qué la pieza ha encontrado hueco ahora. No se limita a imitar una canción popular ni a caricaturizar a una sola figura; conecta con conversaciones muy vivas sobre el fútbol, los medios y el poder en el club blanco. Y lo hace con una imagen muy precisa: la de un dirigente que avanza como si nada pudiera tocarlo, mientras alrededor se acumulan las críticas, las bromas y las referencias incómodas.
La parodia deja una lectura clara. En el universo de Polònia, Florentino no aparece como un presidente acorralado, sino como alguien que convierte cada ataque en combustible para reforzar su personaje. La respuesta del programa no es esperar a saber qué pasa después, sino señalar ya cómo se sostiene esa figura: con confianza absoluta, con control del relato y con una campaña interna que, en el retrato satírico, apenas parece tener rival.

